miércoles, 29 de febrero de 2012

CAPÍTULO IX (continuación): Antecesores de Gómez-Moreno

[ -Recogemos las páginas principales del libro "Textos iberos" (en imágenes); resumiendo a su lado el contenido, para quienes no tuvieran tiempo de leer las hojas escaneadas. Tras ello y en virtud de lo que se va exponiendo, añadimos nuestros comentarios y teorías. Opiniones personales, disertaciones e hipótesis sobre lo dictado en el libro, que incluimos en párrafos continuados a las fotos y en letra cursiva. Teorías propias que en algunos casos estarán de acuerdo con las incluidas en el texto que resumimos, aunque en otros, serán muy distintas-.]

AL LADO: Imágen de la hoja del capítulo IX, donde Mario Gómez- Morán continua destacando los más importantes investigadores que estudiaron el alfabeto ibero y llegaron a concretar sus valores. Comienza, explicando las enormes aportaciones de Zóbel, a quien se debe la idea del alfasilabario tanto como gran parte de los mayores progresos sobre el significado de la epigrafía y de los signos ibéricos (realizados hasta su tiempo). Tras ello menciona a otros estudiosos como: K. Ludwig Grotefend; Antonio Delgado (uno de los más importantes especialistas en numismática) y Emil Hubner, quien vino a España enviado por Mommsen y colaboró estrechamente con los españoles en hallazgos tan importantes como lo fue el Cerro de los Santos.



Hablábamos en nuestras entradas anteriores sobre la permanencia de las formas a lo largo de los tiempos. Es este un tema que repetidamente hemos tratado con expertos e historiadores y han sido los arqueólogos y etnógrafos quienes más aseveran que algunas modas (y modos) han permanecido durante milenios. Nos referimos con ello, a los diseños de objetos sagrados o votivos, que principalmente variaron tan solo cuando se modificó la religión o la Sociedad; aunque entre el pueblo y en los modelos de enseres "magicos" en muchos casos parece que no se produjo alteración alguna durante milenios. Ello especialmente se puede observar en las joyas, en los adornos y en la moda de las culturas antiguas y populares, que se han conservado a veces intactas durante más de tres o cuatro mil años. Un hecho este que hemos tratado con expertos en el tema, tales como Carlos Piñel (director del Museo Etnográfico de Castilla y León); quien nos ha confirmado que tal como él estudió -y Luis Cortés también pudo demostrar-, en el mundo pastoril los modelos y diseños a veces tienen más de treinta siglos.

Puesto que aquellas culturas populares ancestrales, conservan en sus adornos y diseños -de las joyas, o en las formas de tallar los aperos de trabajo y del hogar-; tipos que numerosas veces pertenecen al mundo celta, al prerromano y normalmente al romano (apareciendo incluso en algunos casos diseños pertenecientes al megalitismo). Algo que quizás nos puede parecer imposible y que muchos han "achacado" a la mera imitación de un objeto encontrado en determinadas épocas muy posteriores. Más ello es imposible, puesto que no puede imitarse lo que no se conoce. De tal modo, aquellas teorías que mantienen -por ejemplo-, que el traje y peinados de la albercana, o de la fallera, tuvieron influencia de los hallazgos arqueológicos en los que las mujeres iberas iban de esta manera ataviada. Desconocen que antes de que la dama de Elche fuera encontrada (en 1897), o el Cerro de los Santos excavado (desde 1860); las mujeres de nuestra tierra ya vestían así (algo que se sabe hacían desde cientos de años atrás). Tanto como las joyas españolas eran desde tiempos inmemoriales muy similares a las que habían lucido las damas prerromanas de la Península (que comenzaron a estudiarse en el siglo XIX). Todo ello un misterio que a veces hizo hasta dudar de la autenticidad de las piezas a quienes las hallaban, puesto que tras dias de excavación se encontraban que naciendo de la tierra unas esculturas que bien parecían los retratos mujeres salmantinas, maragatas o valencianas de su tiempo.

Pero ello es tan solo la demostración de lo que muchos afirman y que personalidades como Luis Cortés o Carlos Piñel, mantuvieron y mantienen. Afirmando que en algunos casos la "moda", la orfebrería, o los adornos de objetos rituales (del hogar o del trabajo); se han mantenido intactos durante milenios. Algo que para poder entenderlo bastaría con observar lo que sucede entre el clero (de todos los lugares y tiempos). Puesto que los sacerdotes -se cual fuere su credo, o su época-, mantienen las formas de vestir, de vivir y sus ornamentos por los siglos de los siglos. Tanto como esas personas dedicadas a la religión, comunemente desean que pervivan unos mismos objetos sin variar sus formas, manteniendo un similar significado y adornándolos de manera muy parecida. Siendo casi igual muchos de los enseres sacros usados antiguamente (milenios atrás), a los que hoy en día se utilizan. Llegando a ataviarse un obispo actualmente casi de manera igual a como lo hacían los monseñores mil años atrás: Luciendo báculo, anillo, mitra y traje talar. Atributos que si los analizamos, también los encontraremos casi exactos en otros sacerdotes de hace treinta o cuarenta siglos (baste para ello estudiar las vestimentas de los reyes y el clero hitita, que igualmente llevaban el báculo, el anillo, la mitra y la túnica).

Pudiéramos considerar que esta pervivencia en las formas, modas y modos del clero puede responder al tipo de mentalidad conservadora de este estamento. Más antaño, todos los estamentos y gremios sociales intentaban conservar de idéntica manera su estatus, para distinguirse y sobrevivir. Por lo que todos ellos habían de permanecer activos, repitiendo el modo de vida de sus antecesores y dándolo en herencia a sus sucesores. Algo que llevaba al continuo repetir de la vida y a una constante reposición y recreación de los mismos modelos y maneras. De ello, que los trajes, las joyas, el significado de las prendas, el diseño de los objetos y el modo de vestir; hubieran de permanecer iguales por los tiempos de los tiempos. Consecuentemente enseres tan comunenes como los espejos, los cinturones, la orfebrería, los aperos, los objetos del hogar, los paños para cubrirse, el calzado, los sombreros y hasta el peinador; contenían una carga simbólica y social, que les obligaba a repetirse y apenas transformarse. Así era y así fué la vida hasta hace muy poco; conformada por costumbres que hoy tan solo perviven en algunas profesiones muy contactadas con el pasado, como puede observarse en la de torero -matador que no puede cambiar de traje, de capa y ni siquiera prescindir del moño; puesto que solo aquello (quitarse la moñeta) sería un acto que significa dejar de torear: "Cortarse la coleta"-.

BAJO Y JUNTO A ESTAS LINEAS: Al lado, detalle de la parte superior de una de las piezas más importantes del Cerro de los Santos: La Dama Oferente en pie. Observamos en ella los detalles de la bellísima moda ibérica femenina, de gran influencia oriental; pero que en la Península también tienen unos caracteres propios. Formas de vestir y adornarse enormemente favorecedores y elegantes -tanto que propondríamos a algún modista hispano realizar una linea de trajes inspirados en estos modelos ibéricos de mujer-. Podemos ver a esta Dama repleta de joyas, entre las que destacan los collares y el gran pendiente-rodete; de los que tristemente tan solo han llegado hasta nosotros apenas algunas piezas (de toda esta orfebrería ibera que en las esculturas prerromanas lucen las féminas peninsulares "por kilos"). Conservándose tan solo a dia de hoy algunas diademas y unos pocos citurones -como las de los tesoros de Denia o La Aliseda-. Pese a ello, si nos planteáramos qué moda o qué tipología contienen los adornos que llevan esas esculturas prerromanas; la única contestación sería la de que se trata de una moda autóctona. Bastando para demostrarlo, recordar como se engalanan comunente las mujeres de zonas donde se han conservado nuestras costumbres antiguas (como lo es: Levante o la zona Norte de La Ruta de la Plata).

ABAJO: Matrimonio maragato, retratado hacia 1878 por Laurent (tomado del libro "La Belleza que protege", de Carlos Piñel; Caja España, Zamora 1998). Traemos esta imagen a nuestro blog, puesto que la foto fue hecha en fechas y dias en los que se estaban descubriendo y estudiando las esculturas del Cerro de los Santos (de las que algunas ya dijimos resultaron ser falsas, pero la gran mayoría constituyen un maravilloso patrimonio arqueológico). Muchos historiadores extranjeros del siglo XIX, desconfiaron de la autenticidad de las piezas iberas halladas; datándolas en época coetánea al llevar aquellas una moda y unas formas de vestir casi iguales a las que tenían los españoles por entonces. Pese a ello, la arqueología moderna ha demostrado que aquellas esculturas tenían más de dosmil años, lo que obliga a pensar que la costumbre de ataviarse así -igualmente- contiene veinte o veinticinco siglos de antigüedad (al menos). Algo que nos hace reflexionar, preguntándonos si muchas otras costumbres hispanas, que vemos ya manifiestamente en la arqueología, han de ser forzosamente heredadas de épocas prerromanas. Pues sabido y admitido es que algunas, como la deificación de los toros, la tauromaquia, o la cría del cerdo (la matanza y la manufacturación de embutidos). Ya se mencionan entre los iberos, teniéndose por formas de vida heredadas desde aquella época. Siendo más que evidente que la joyería, o las vestimentas antiguas que aún perviven en zonas como La Ruta de la Plata, o del Levante, igualmente tienen un mismo origen. Lo que nos hace intuir (o concluir) en la posibilidad más que cierta, de que una lengua antecesora del vascuence fuera el idioma que comunmente se hablaba en toda la Península -antes de la llegada de los Romanos-. Lengua que seguramente tuvo una misma procedencia, Historia y significado que todas estas otras costumbres ibéricas, de las que muchas aún han llegado vivas hasta nuestras tierras.




AL LADO: Hoja final de este capítulo IX en el que nos habla de Pio Beltrán Villagrasa, catedrático de matemáticas y académico de la Historia. Quien sería el antecesor último de Gómez-Moreno y al que se debe el desciframiento de los valores del alfasilabario oriental. Valores del alfabeto ibérico, que finalmente determina sobre 1961 de manera que se considera "exacta", el mencionado Manuel Gómez-Moreno.

Dejábamos en la entrada anterior una pregunta sin responder sobre el significado de la aparición de un alfasilabario en la Península ibérica, hace casi tres mil años. Un alfabeto mezclado con sílabas escritas, que no existe más que en nuestras tierras; ello porque en otros lugares del Mediterraneo el modo de redactar los idiomas fue: O alfabético, o bien silábico (al margen de los pictográficos o jeroglíficos, cuneiformes etc). De tal manera, sabemos que el silábico es un extraño modo de escritura muy similar (por no decir casi igual) a la Hiragana y Katakana japonesas. Método que consiste en tener un símbolo para cada una de las cinco vocales y tras ello asignar un signo a cada sílaba -ta,ti,tu,te,to; la, li,lu,le lo y así sucesivamente para todos los fonemas de consonante con vocal-. El total de caracteres se conforma en virtud de las consonantes que tenga el idioma; y como normalmente supera las doce letras, se producen un mínimo de sesenta o setenta signos en un silabario.


La Hiragana y Katakana japonesas son ciertamente modernas, pero la historia de estos alfasilabarios en el Mediterráneo es antiquísima; pudiendo ser considerados la forma más antigua de escritura, después de la egipcia. Su origen está en Creta y procede de una primera forma de redactar documentos (o cuentas minóicas) que se inicia ya en el III milenio a.C.. Esta manera inicial de escribir en aquella isla era muy similar a la egipcia, pero con jeroglíficos propiamente cretenses. Algo que parece fue derivando hacia un sistema en el que cada dibujito o ideograma (llamados pictogramas) terminó por comprenderse como una sílaba -correspondiendo esta a sus iniciales-. Es decir, de algo que se pintaba y parecía un perro, terminarían tomando el primer fonema, para quedár en este caso interpretado el pictograma de "perro" tan solo por "PE". De ello, asignando a cada sílaba un dibujo que correspondiera con sus iniciales, terminaron por crear el llamado "Silábico A" (que ya se escribía a comienzos del II milenio a.C.).



Siglos después, aquellos pictogramas o dibujitos fueron simplificándose hasta llegar a conformarse en unos pocos trazos (del mismo modo que se simplificó el Kanji chino); de lo que surge el paso del "Lineal A", hasta el heredado "Lineal B" (que es prácticamente igual y tan solo se diferencia ya en el idioma hablado en que se escribe). Ello sucede tras la caida del Imperio Minoico, hacia el 1650 a.C.; y es cuando la escritura cretense se establece en este sistema conocido como "Lineal B". Un método que siguió en vigor y en uso hasta la caida plena del Minoico y el comienzo del periodo heleno de la isla; lo que sucede en el año 1100 a.c.. Por su parte, siglos antes, este "Lineal B" se había exportado a la vecina isla de Chipre, que adopta el sistema y desarrolla un silábico propio, denominado "silábico chipriota" (tambien usado y en vigor desde el 1500 al 1100 a.C. -aproximadamente-). De todo ello, podemos afirmar que las únicas culturas que tenían una escritura silábica (similar a la ibérica y en forma no pictográfica) en la Antigüedad, fueron estas nacidas de Creta y de Chipre.


Decimos no pictográfica, porque al parecer, tras la caida y destrucción de Creta algunos de los minoicos asentados en Anatolia debieron exportar su modo de vida y de escribir al imperio Hitita. Tanto que los hititas desarrollaron un método similar por sílabas partiendo de pictogramas de Creta; escribiendo de manera muy parecida desde el 1400 hasta el 700 a.C., a como los minoicos lo habían hecho durante el III milenio a.C. Pese a ello, este pictográfico hitita no es un silabario pleno (con signos) ni menos se relaciona con el alfasilabario ibérico (tal como podemos ver en las imágene de abajo).

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, comparación de pictográficos hititas (luwio) y cretenses; tanto como simplificación de signos hasta formarse el pictográfico minoico, al "Lineal A" (gráfico tomado de la página de PÖEL, "promotora lingüistica española; a los que agradecemos nos permitan hacer uso de este dibujo).
ABAJO: Algunos de los símbolos hititas del pictográfico silábico (pintados por mi mano). Observamos claramente que nada tienen que ver con el sistema de signos ibéricos; pese a que los dos (el nuestro y el hitita) puedan tener como origen común el mismo sistema: El "Lineal A y B" de Creta.

Por cuanto vamos narrando, parece más que probable (sino más bien sería decir "cierto"), que el método ibérico de redactar su idioma fue importado a la Península desde aquellas dos islas; puesto que en casi ningún otro lugar hubo un sistema silábico. Tanto es así que ni los griegos escribieron en sílabas (sinó con letras, al modo fenicio) y tan solo los hititas y luego los neohititas (Luwios y etc) mantuvieron un medio similar. Pero como ya hemos dicho en forma de pictogramas; escritura que además mezclaban con el cuneiforme semítico (por lo que es muy compleja y en nada se relaciona con el alfasilabario ibero). De todo ello, personalmente nos atrevemos a afirmar que esta escritura prerromana de nuestra tierra fue traida seguramente desde Creta o de Chipre, en los años en los que comenzó a desarrolarse aquí. Tiempo que comprende un periodo que va desde el siglo X al VIII a.C. y que curiosamente se corresponde con aquel en el que los eteochipriotas o los eteocretenses fueron expulsados de sus tierras -por los que después se llamarían griegos-. Ya que desde el siglo XI a.C., los habitantes autóctonos y las gentes herederas de culturas descendientes de la minoicoa y de las del Bronce en estas dos islas; fueron expulsados o sustituidos ya por los venidos desde la Hélade.


Es aquí, en esta época (desde el siglo XI a.C.) cuando creemos que hubieron de venir en masa poblaciones huidas de Creta y de Chipre, llegando hasta nuestras tierras (con las que antes habían comerciado) para refugiarse en ellas. Hechos que suceden durante los siglos en los que la profusión y dominio pleno del hierro (junto a la aparición por el Mediterraneo Este de los Dorios), hizo caer los últimos baluartes de lugares en los que Micenas se había mezclado con las culturas mas antiguas (como la minoica). Así, aquellos que luego se denominaron griegos irían expulsando o empujando desde ese siglo XI a.C. primero a los habitantes de las Cícladas y luego a los de Creta y Chipre; quienes hubieron de buscar refugio en otros lugares. Siendo esta (en nuestro opinión) el origen de las civilizaciones que se inician desde ese periodo en las costas peninsulares; culturas y gentes que una vez establecidas en nuestras tierras, de seguro muy pronto tomaron contacto con Fenicia, para comerciar y reestablecer el comercio con el Oriente Mediterraneo. Iniciándose en estos siglos la colonización púnica, tanto como el principio o la fundación de civilizaciones peninsulares tales como Tartessos (que en nuestra opinión es heredera directa de Creta y nace por los motivos anteriormente descritos: La expulsión por los dorios, de las antiguas gentes establecidas en las Cícladas, en el Egeo, Chipre y Creta).


Todo ello creemos que genera en la Península la escitura; en un sistema que evidentemente adopta una fòrmula similar a la que le tenían aquellos que la inician: El silábico cretochipriota. Aunque el cambio de valor que hay signos (distintos a los de aquellas islas) y la pérdida de muchos de ellos, tanto como la introducción de vocales en "letra" (sin precisar de silábico), consideramos que nos habla de que el alfasilabario ibérico ya se desarrolla en época tardía -cien o doscientos años después de la caida de Creta en manos de los griegos-. Y ya un tiempo en el que los fenicios habían divulgado su alefato; un alfabeto por letras (tras el siglo IX a.C.). De tal manera, creemos que los iberos habrían adoptado un sistema intermedio, entre el alfabeto púnico (de algun modo "recién" inventado o divulgado, por aquel entonces); y el silábico cretochipriota: El alfasilabario nacido desde el siglo IX al VIII a.C. en el Sur Peninsular.


BAJO ESTAS LINEAS Y JUNTO A ELLAS: Al lado, cabeza del siglo IV a.C, procedente del Cerro de los Santos (propiedad del Museo Arqueológico Nacional al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Observemos que el parecido de estas piezas con el arte chipriota es enorme; ello porque seguramente aún en estos siglos tenía un gran nexo de unión el Egeo, con los puertos griegos del Levante (que distan del Cerro de los Santos muy pocas jornadas). No olvidemos que desde Creta o Chipre, a las costas de Iberia se podía tardar navegando en aquella época, unas dos o tres semanas -en un viaje con bastante seguridad, puesto que apenas había entonces tráfico marítimo. Mientras, era prácticamente imposible transportar las mercancías por tierra (aunque solo fuera unas decenas de kilómetros); al carecerse de caminos y estar los pocos existentes plenos de asaltantes o de gobernantes dispuestos a quedarse con aquellas-.

ABAJO: Litografía publicada por Juan de Dios de Rada en "Antigüedades del Cerro de los Santos, en término de Montealegre, conocido vulgarmente bajo la denominación de antigüedades de Yecla" (editada por Museo Español de Antigüedades, VI, en 1.875). En ella se recogen varias cabezas de hombre halladas pocos años antes en el Cerro de los Santos, cuyo parecido con el arte chipriota es bastante cierto (tanto como se corresponden en modas y peinados). Hemos de decir, que quitando la escultura central (A 24) el resto eran auténticas y ciertamente tienen un estilo egipciante y greco arcaico, que mucho se nos asemejan a todo el arte chiprominoico de igual época.




JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, cabeza de dama chipriota fechada en el siglo V a.C. (pertenece a la Boissé colección, a la qu agradecemos nos permita divulgar su imagen). Observemos el parecido con las figuras del Cerro de los Santos.
ABAJO: Otro ejemplo de retrato chipriota de época cercana al Cerro de los Santos. Se trata de la cabeza de un hombre en caliza, fechada hacia el siglo III a.C, y hallada en 1965 (fue expuesta y fotografiada en 1971). Observemos el enorme parecido entre esta estatuaria creto-chipriota de los siglos VI al III a.C. y la ibérica coetánea (algo que iremos destacando en otras entardas).










martes, 28 de febrero de 2012

CAPÍTULO IX: Antecesores de Gómez-Moreno

[ -Recogemos las páginas principales del libro "Textos iberos" (en imágenes); resumiendo a su lado el contenido, para quienes no tuvieran tiempo de leer las hojas escaneadas. Tras ello y en virtud de lo que se va exponiendo, añadimos nuestros comentarios y teorías. Opiniones personales, disertaciones e hipótesis sobre lo dictado en el libro, que incluimos en párrafos continuados a las fotos y en letra cursiva. Teorías propias que en algunos casos estarán de acuerdo con las incluidas en el texto que resumimos, aunque en otros, serán muy distintas-.]

AL LADO: Primera página del capítulo noveno en el que nos narra la dificultad que tuvo la interpretación correcta de los alfasilabarios ibéricos; los que, en un principio fueron tomados por simples alfabetos y transcritos desde valores cercanos a los griegos. Poniendo como ejemplo de ello, tres diferentes interpretaciónes de un mismo texto; que en manos de Schulten, de Schmoll y de Gómez-Moreno tuvieron muy distintos valores epigráficos (no digamos ya en su traducción, puesto que apenas coindicen en la propia lectura de los caracteres).


AL LADO: Siguiente página del libro, en la que comienza tratando sobre uno de los primeros investigadores que intentaron descifrar al alfasilabario prerromano peninsular, y que fuera Fulvio Orsino. Noble ilustrado italiano del siglo XVIII, que interpretó los caracteres ibéricos como griegos, resultando que una moneda de KABIRKA fue leida por él como de AFRA. Considerando Orsino que se trataba de una ceca del cuño realizado por Jiulio Afrano (gobernador de las dos Hispanias en tiempo de Pompeyo). Este sistema de valorar los signos iberos como un abecedario de tipo heleno arcaico, es el que siguieron los investigadores al menos hasta el siglo XIX. Pero hace unos cien años veinte, la ciencia hubo de replantearse si esos valores grecoarcaicos que otorgaban a los caracteres ibéricos, eran los adecuados. Ello debido a los errores de deducción a los que llevaba, tanto como a las múltiples intepretaciones que muchas letras dejaban "suponer". Aunque sobre todo feron los nulos resultados que ofrecían las trascripiciones y traducciones, obtenidas durante casi tres siglos de "lecturas" , lo que obligó a reconocer a fines del siglo XIX que aquel alfabeto no era griego. Tras ello, comenzó a descifrarse realmente el valor de los signos ibéricos.


Comenzamos este capítulo de hoy continuando con el problema expuesto ya en las anteriores entradas, sobre las hipótesis greco-ibéricas. Teorías que consideraban firmemente que el idioma en el que estaban redactados los textos prerromanos peninsulares era un griego arcaico (al igual que su alfabeto). Idea de la que su principal adalid ya vimos que fue Juan de Dios de Rada; quien a fines del siglo XIX tenía el cargo (entre otros) de Director del Museo Arqueológico Nacional -además de ser catedrático de epigrafía, diplomatica y arqueología, tanto como académico de la Historia-. Recordando de nuevo cómo aquel experto fue quien coordinó los hallazgos del Cerro de los Santos (recién descubierto por aquellos años de 1870). Intentando entonces adquirir para el museo que dirigía (el Arqueológico Nacional) cuantas piezas pudo traer desde este yacimiento. Motivo por el cual sufrió un triste destino al comprar como auténticas varias piedras que creyó procedían del Cerro de los Santos, y que eran completamente falsas. Habida cuenta de que un extraño chamalirero llamado Juan Vicente Amat y que decía llevar años excavando el Cerro junto a Yecla; había mezclado las esculturas antiguas allí encontradas, con otras compradas en lugares muy diversos (e incluso con algunas que se suponen esculpidas por su propia mano).

En nuestra opinión, no creemos que el mencionado Amat fuera realmente el falsificador de aquellas extrañas piedras que llegaron hasta el Arqueológico como verdaderas y entre las que destacaban principalmente lápidas plenas de epigrafía. Esculturas con letras y caracteres raros y bochornosos, que nada tenían que ver con los del alfabeto ibérico y que en algunos casos eran insultantemente un timo. Pese a lo que por aquel entonces no fue tan difícil engañar al Museo, ya que nada o muy poco se sabía del mundo ibérico; por lo que cuanto allí llegó desde Yecla, fue admitido de buena fe y de mejor agrado. Aunque algunas de estas obras incluso representaban un Mundo (redondo) en medio de dos carabelas; barcos que flanqueaban cada lado de ese Globo Terráqueo, bajo que había escrita la palabra "Argos" (como si se tratara de la nave de Jasón) -ver las imágenes de la entrada previa a esta-. Pieza que no podemos entender cómo el pobre Juan de Dios de Rada dió por buena, e incluso compró por un alto precio. Aunque lo peor fue que estudió estas esculturas plenas de epigrafía minuciosamente, demostrando que el idioma que hablaban los iberos era una lengua altamente emparentada con la griega. Poco después, un arqueológolo alemán enviado por Mommsen a España y llamado Emile Hubner, comienza a sospechar de la posible autenticidad de aquellas esculturas. Algo que finalmente confirmaron otros grandes expertos en arqueología ibérica; todos extranjeros llegados hasta nuestras tierras destacados por el Museo de Berlin (como lo era Arthur Engel) o del Louvre (en el caso de Pierre Paris).

Como dijimos, las mencionadas falsificaciones vendidas -o hechas- por Juan Vicente Amat supusieron un enorme fiasco e humillación para los arqueólogos españoles, quienes no se habían percatado del timo. Investigadores hispanos cuya cabeza (Juan de Dios de Rada) quedó en evidencia. Algo que tristemente motivó que para siguientes adquisiciones de museos, tanto como para abrir nuevas vias de estudios en arte y epigrafía ibéricas; los españoles ya hubieran de tomar todas las precauciones. Hechos estos que retardaron la investigación arqueológica en nuestro territorio, tanto como la compra de cualquier pieza extraña (por muy importante que fuera). Siendo el resultado de aquella triste historia y de la inseguridad sembrada entre nuestros sabios; que cualquier extranjero pudiera adelantarse y tener más conocimientos soltura para estudiar o adquirir obras tales como La Dama de Elche. Escultura que hacia 1897 fué descubierta por los sobrinos del arqueólogo Ilicitano Pedro Ibarra. Experto que la ofreció con toda prontitud al Museo Arqueológico Nacional, aunque los miembros de La Academia de la Historia no se atrevieron a comprarla con la rapidez necesaria (debido al alto precio que solicitaban sus poseedores, temiendo de que se tratara de otra falsificación).

Los miedos de los españoles para no errar de nuevo fueron más que comprensibles. Tanto como la sospecha de que aquella maravillosa pieza se pudiera tratar de otro timo; puesto que si observamos detenidamente La Dama de Elche, nos parecerá demasiado similar al "retrato de una fallera". Tanto que la moda, joyería y peinados que luce, se asemejan increiblemente a los que aún llevan la mujeres valencianas, en sus días de festividades importantes. Hoy sabemos que la moda se ha mantenido en nuestra tierra durante más de veinte siglos, pero en el tiempo en que se halló esta preciosa escultura apenas se conocían otras damas ibéricas. Por lo que nadie sabía a fines del siglo XIX que el pelo, la orfebrería (y hasta el vestido), que lucían las féminas de hace dosmilquinientos años era muy similar a los que aún llevan las mujeres engalanadas en muchas zonas de la Península Ibérica (recordemos por ejemplo los vestidos y adornos de la zona Norte de la Ruta de la Plata - de las salmantinas, zamoranas o maragatas-; tanto como a todas aquellas mujeres que aún lucen peinetas y rodetes en sus cabezas).

BAJO Y JUNTO A ESTAS LINEAS: Al lado Dama sentada del Cerro de los Santos, adquirida por el Museo Arqueológico Nacional en los años de 1871 a 1875 (al que agradecemos nos permita divulgar su imagen). Entre estas piezas auténticas, tristemente Juan de Dios de Rada compró a Vicente Amat un lote de esculturas que se dice había esculpido el mismo "relojero". Nuestra teoría es otra y pensamos que quizás Amat fué simplemente adquiriendo piedras en la zona, entre las que le vendieron algunas verdaderamente ibéricas pero otras falsificaciones. Obras que alguien esculpiría y que por su carácter, se ve que estaban hechas con tan mala fe, como intención de dañar a la Historia y a los historiadores hispanos. Tanto fué así que hacia 1880 (tras descubrirse el timo de lo que el Museo Arqueológico compró a Amat), las dudas comenzaron a plantearse sobre todas las restantes figuras del Cerro de los Santos. Debido a ello, tristemente y durante decenios algunas piezas auténticas y de gran importancia, fueron retiradas e igualmente tenidas por "dudosas". Ese fue el caso de este tipo de esculturas, donde se presenta una dama ataviada de un modo parecido a como aún vestían las mujeres del siglo XIX en algunas zonas de España (considerando que eran simples recreaciones imitadas también por Amat). Muy por el contario, se trataba de esculturas con casi dosmilquinientos años de antigüedad y que guardan la verdad de unos gustos y una moda mantenida durante milenios.
 

ABAJO: Mujer salmantina luciendo traje de vistas albercano (foto tomada del libro de Carlos Piñel "La Belleza que Protege" -página 57-). Si observamos detenidamente la fotografía podremos ver como el modo de vestir, de peinarse y hasta las joyas que porta la bella charra, son casi iguales a las que llevaban las iberas ya hace veinticinco siglos. En nuestro blog "LO INVISIBLE EN EL ARTE " (adjunto a este) hemos realizado un profundo análisis sobre esta moda y orfebrería milenaria del Mediterraneo, que se mantuvo increiblemente en la Península Ibérica durante más de dos mil años (casi de manera idéntica). Siendo muy llamativo que algunas muhjeres engalanadas para las fiestas españolas, aun en nuestras fechas luzcan determinados peinados o atavíos correspondiendo con los simbolos religiosos de la antigüedad. Ello es el caso de los rodetes (los dos grades rulos sobre cada oreja), que se llevan precisamente en fechas en las que hoy todavía se celebra a la luz. Siendo aquel peinado ibérico con dos ruedas del "carro del sol" a cada lado, un claro recuerdo al culto astral. Adornos que vemos en la Dama de Elche, pero que igualmente lucen las falleras durante las noches y los dias del ritual del fuego (festividad del astro rey, que se celebra durante los antiguos Idus de Marzo, al comienzo del Equinocio).







Continuando con el Cerro de los Santos, sabemos como aquellas falsificaciones hicieron tanto daño, que hizo considerar falsa la teoría de la permanencia de las formas durante milenios en nuestro país; por lo que otras muchas esculturas del mismo yacimiento (completamente auténticas) fueron retiradas. Ese fué el caso principalmente de las damas, de las que al considerarse inspiradas en el traje festivo de mujer española, se pensó que igualmente se trataba de recreaciones del mencionado "relojero" Amat. Pese a ello, diferentes y posteriores hallazgos en muy distintos yacimientos peninsulares confirmaron que aquellas mujeres vestidas de un modo tan parecido a las albercanas, a las maragatas, a las cacereñas, a las lagarteranas o a las falleras (incluso a las gallegas y asturianas); eran las antecesoras de todas ellas. No tratandose de falsificación alguna las damas del Cerro de los Santos, sino son verdaderos testimonios históricos y arqueológicos que demuestran como las modas y costumbres habían pervivido durante milenios en España. Un país cuyos orígenes comunes están en el mundo ibérico; que a todas luces era común y aglutinante de cuantos vivieron en la Península durante la época prerromana.

Por su parte, si hemos de reflexionar sobre quien (o quienes) pudieron tramar la tremenda patraña para engañar al museo arqueológico y a Juan de Dios de Rada (entre otros), vendiendo el lote de esculturas falsas cargadas de epigrafía y extraños símbolos. Consideramos que ello tiene mucho que ver con el momento político que se vivía en los tiempos del hallazgo. Unos años que van desde 1865 hasta 1875 y en los que se sucede la Primera República; cuando toda señal o atisbo de españolismo estaba mal visto (sobre todo en determinadas zonas). De tal manera, sabiendo que el mencionado yacimiento se encuentra en las cercanías del reino de Valencia, pero también cercano a Murcia y en pleno Albacete manchego. Bastará recordar cómo durante aquella república primera zonas como Cartagena se intentaron independizar en un cantón ajeno a Murcia (no solo de España), llegando a bombardear a los puertos murcianos y de Valencia con sus cañoneros. Al igual que Valencia atacó el de Barcelona, enviando también cañonear los de Almería. Mientras que otras zonas, como la pequeña población de Jumilla (que tampoco deseaba ser ni de Murcia ni de Cartagena, ni de la Mancha) solicitaba un cantón libre e independiente; llegando a declarar la guerra a sus dos provincias vecinas, que tanto querían "absorverla".

En este panorama que se desarrolla durante la Primera República, no es extraño que timadores y gentes de todo tipo intentaran engañar a los investigadores que pretendían hallar las raices, o profundizar en el significado de lo ibérico (un hecho cultural común, que une a todos los habitantes de la Península bajo unos mismos orígenes). De tal manera, en plena Restauracíón (hacia 1874) es cuando se logra vender las esculturas falsas al Museo Arqueológico a través del "relojero" de Yecla. Piedras que muchos han atribuido a la mano de Amat, pero que creemos este debió de comprar a algunos desaprensivos; quienes no solo pretendían timar al Estado, sinó promover además un gran daño cultural. Algo que consiguieron, puesto que tras aquella adquisición y viendo el ridículo hecho al estudiar por buenas esculturas que "prerromanas" que llegaban a presentar un globo terraqueo entre dos carabelas... . El descrédito de los sabios hispanos fue terrible.

Una tremenda injusticia, puesto que los hombres de cultura que antaño hubo en nuestras tierras, eran de una talla inigualable; perfectamente comparables (sino mejores) a los curadores que tuvo el Louvre o el British. Entre aquellos figuraban nombres tan ilustres como el mencionado Juan de Dios de Rada, junto a otros como: Amador de los Rios, Juan de Dios Aguado, Cean Bermudez y un largo etcétera de ilustrísimos (ilustrados y humanistas) que se vieron asaltados en sus estudios de iberismo al ser sometidos a la encerrona que contamos. Timo, o más bien complot, que se unía al intento de que España no liderara más las colonias de ultramar y menos que tuviera la merecida relevancia que le corespondía el IV Aniversario del Descubrimiento (que se celebraría pocos años después, en 1892). Por lo que de seguro la escultutra de lo barcos de Jasón con la inscripción en "semigriego iberico" y el Globo terraqueo en su centro; era como una premonición de que nuestra neción por aquellos años debería ser descabezada (al menos en lo referente a su cultura).

Así lo fue, porque tras publicar el gran Juan de Dios de Rada en sus "Antigüedades de España" los descubrimientos del Cerro de los Santos (entre los que se encontraba esta pieza con un Mundo y dos "carabelas...) . Y pese a que aquella colección de doce libros maravillosamente encuadernados fue una joya de sabiduría, de impresión y litografias (en la que cada ejemplar mide unos 80 x 50 centímetros). Tras aquel error del Director del Museo Arqueológico y catedrático más importante de nuestro país entonces; los expertos hispanos sobre iberismo quedaron en una espantosa situación. Tanto que se empezó a sospechar de una gran mayoría de las esculturas que se hallaban en los museos y de la propia cultura ibérica (algo que no nos es ajeno, puesto que no hace mucho -ya en 1995- todavía existía el ridículo debate en el que algunos expertos de universidades extranjeras afirmaban que la Dama de Elche una falsificación del siglo XIX). En esta triste situación, lo único que parece resulto positivo fue que en la adversidad los sabios españoles de entonces se unieran; hasta tal punto como para nombrar Director del IV Centenario del Descubrimiento al propio Juan de Dios de Rada (quizás en un intento por quitarse la terrible espina clavada con aquella escultura del Mundo entre las dos naves, en cuya base se leía "Jasón"; a la que parece solo quedó ponerle "Cristóbal Jasón" para completar la mofa).

Sea como fuere, tras esta terrible experiencia arqueológica con la que concluyó el siglo XIX; el interés de los investogadores españoles por lo ibérico quedó en un segundo plano. Tanto que habría de esperarse ya al nacimiento de una siguiente generación para que se dieran nombres de relevancia en el estudio del iberismo. Mientras, nuestra cultura más antigua, desde el perido comprendido entre 1880 hasta 1920, quedó practicamente en manos de extranjeros. Hispanistas alemanes o franceses que dieron figuras como Aldolf Schulten, Arthur Engel o Pierres Paris. Aquellos que incluso pretendieron continuar con mucho de lo heredado desde estudiosos españoles, no pudieron continuar en la misma linea, pues las hipótesis de los nuestros ya se daban por eliminadas. Sobre todo, tras lo ocurrido con Juan de Dios de Rada, que desechó la consideración de la ibérica como una cultura descendiente directa de las Egeas (o de las greco orientales). Ello aunque autores como Schulten -y otros- pretendieran seguir por aquella senda, en un camino que buscaba de nuevo la ascendencia griega a los prerromanos. Camino que, antes o después, siempre se vio truncado; quizás por efecto del mal recuerdo que vivieron los investigadores que habían mantenido la teoría del greco-iberismo (liderados por De Rada).

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, cabeza de dama del Cerro de los Santos que luce moda egeo-oriental. Algunas esculturas como esta, fueron compradas en el mismo lote que el de las falsificaciones; por lo que tristemente hasta hace pocos decenios se consideraron también "posiblemente hechas" por Amat. Pese a lo que modernamente se ha podido demostrar que la gran mayoría de lo que se compró al joyero de Yecla, se trataban de maravillosas piezas. Las que por su extraña moda y tipología son tan difíciles de catalogar, como contituyen una inigualable fuente para el estudio de la Antigüedad mediterránea.
ABAJO: Litografía del libro "Antigüedades del Cerro de los Santos, en término de Montealegre, conocidas vulgarmente bajo la denominación de antigüedades de Yecla". Publicado por Juan de Dios de Rada en "Museo Español de Antigüedades" (Tomo VI, año 1.875 ; y editado en la misma revista ejemlar VII, año de 1.876). Observamos entre las muchas damas que recoge la litografía, la de la imagen anterior (en foto arriba) se encuentra precisamente la primera a la izquierda. En todas ellas vemos la curiosa moda de la mitra, que tanto nos recuerda a las peinetas y tipos de tocados que aún perviven en la Península. Igualmente, parte de la joyería que vemos lucen estas damas -cuyas esculturas se fechan entre los siglo IV al II a.C.-, es muy parecida a la que llevan aún las mujeres hispanas en sus trajes regionales (sobre todo las de zonas donde se ha conservado costumbres ancestrales; como la Alta Ruta de la Plata, Levante o Norte de España).


AL LADO: Siguiente página de TEXTOS IBERICOS en la que se expone como los investigadores tardaron siglos en considerar que los signos de ese idioma prerromano de la Península pudiera ser un alfasilabario (incluyendo vocales, algunas consonantes y un conjunto de sílabas). Ello, porque es una fórmula tan solo ibérica, que no se da en ningún otro sistema de escritura antigua. Sistemas de redactar idiomas usados por los griegos, fenicios, etruscos, cretenses o Anatolios; que eran "abecedáricos" (de letra por letra) o bien silábicos (conteniendo sílabas vocales). Sin haber otro signario -al margen del nuestro primitivo- que indistantamente contenga vocales y algunas consonantes sueltas, junto a tres sonidos escritos por sílabas: La "B" la "K" y la "T" (ba, be, bi, bo, bu; ka, ke, ki... Ta, te, ti etc). El largo camino que se precisó para ir identificando correctamente las letras del alfasilabario ibérico, comenzó con el obispo Antonio Agustín; para ser seguido por Velázquez de Velasco. Aunque el que verdaderamente desentramó y descubrió el valor de aquellos signos en su totalidad fue Manuel Gómez-Moreno (hace poco menos de cincuenta años). Pese a que algunos antecesores ya habían realizado ciertos avances; entre los que destacaron en el siglo XIX, J.F. Bladé y sobre todo Jacobo Zóbel, que hacia 1890 fue el primero en considerar que se trataba de un alfasilabario y no un alfabeto.


Dejamos aquí nuestro artículo de hoy, puesto que tras esta idea ya hemos de plantearnos seriamente el origen del silbario ibérico. Tanto como los muchos "por qués" que surgen al saber que los habitantes prerromanos de la Península, escribieron con símbolos absulotamente ajenos a los que en igual época usaron en el resto del Mediterraneo. Puesto que tras el siglo X a.C. en Medio Oriente se comienza a difundir ya el alfabeto (nacido en Fenicia), escribiéndose poco después en esta fórmula por el área del Este Norte del Mediterraneo. Llegando los caracteres del nuevo sistema alfabético inventado en Fenicia y la franja de Canaan (con "letras"), hasta zonas tan lejanas como Etruria. La cuna de Roma, donde pese a tener un idioma hasta hoy desconocido y ajeno al griego o al de los fenicios, lo redactaban en signos muy próximos a los de Grecia y del Egeo: En sistema alfabetico, divulgado desde los siglos VIII al VII a.C. y muy distinto al silabario que usaban los iberos (desde estos mismos siglos y hasta la dominación plena de los romanos).









martes, 21 de febrero de 2012

CAPÍTULO VIII: Final y conclusiones sobre las hipótesis greco-ibéricas.

[ -Recogemos las páginas principales del libro "Textos iberos" (en imágenes); resumiendo a su lado el contenido, para quienes no tuvieran tiempo de leer las hojas escaneadas. Tras ello y en virtud de lo que se va exponiendo, añadimos nuestros comentarios y teorías. Opiniones personales, disertaciones e hipótesis sobre lo dictado en el libro, que incluimos en párrafos continuados a las fotos y en letra cursiva. Teorías propias que en algunos casos estarán de acuerdo con las incluidas en el texto que resumimos, aunque en otros, serán muy distintas-.]

AL LADO: Última página del Capítulo VIII en el que se trata sobre la teoría del greco-iberismo. En su final habla del alfabeto jonio que fue usado en la zona levantina, para escribir en idioma iberíco (entorno al siglo V a.C.). Comentando que tenía dos letras propiamente iberas, ajenas a los caracteres comunes de la Jonia; modificadas desde ese abecedario griego, con el fin de escribir el idioma de nuestras tierras. Estas son: Una SIGMA larga (con sonido SH) y una Ro fuerte (probablemente doble y con sonido RR). Posteriormente compara los alfabetos griegos arcaicos con los alfasilabarios ibéricos y con el antes mencionado abecedario jónico antiguo (que en ocasiones se utilizó en la zona alicantina, especialmente desde el siglo V a.C.). Viéndose como aquellos símbolos son casi iguales a los que aparecen en inscripciones helenas un poco anteriores (entre los siglos VIII al VII a.C.). Tanto que en la cerámica arcaica de la Hélade, algunas "cartelas" son casi exactas a las que vemos en la Iberia antigua (pese a que las de nuestras tierras se encuentran escritas en idioma ibérico). Termina diciendo que el problema existente y que nos hemos de plantear, es el "por qué" al llegar los signos griegos a Iberia, aquí les cambian su valor de correspondencia en muchos de sus carácteres. Usando una mismas o parecidas "letras" (que pocas veces han de leerse de forma igual); que comunmente se han de interpretar por otros sonidos y que en ocasiones incluso han de interpretarse por sílabas (al existir un alfasilabario).

ABAJO: Crátera del llamado "Pintor de Nesos", que representa a Heracles luchando con un Centauro (propiedad del Museo Nacional de Atenas, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Observemos el nombre de Hércules escrito no solo en alfabeto antiguo, sinó además en sentido inverso (de derecha a izquierda) como se hace entre las lenguas semíticas. Ello denota la antigüedad de la inscripción, que cercana al siglo VII a.C., está todavía bajo el influjo de los alfabetos fenicios (quienes habían llevado el "abecedario" a tierras helenas de Eubea, siglo y medio antes de que se hiciera esta cerámica).



JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, otro ejemplo de estas incripciones griegas arcaicas, que tienen un gran parecido con las que posteriormente aparecen en caractares grecoibéricos por nuestras tierras. En este caso se trata de una obra del pintor "Sofilos" que contiene un fragmento representando, un juego de dados en memoria de Patroclo (Las Bodas de Peleo, cerámica propiedad del Museo Nacional de ATENAS, al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Observemos del mismo modo que no solo los caracteres son muy antiguos y similares a los fenicios, sino que además a veces se escriben en sentido inverso.

ABAJO: Detalle de un vaso del famoso pintor griego Timónidas, en que representa a Aquiles y Troilos (propiedad igualmente del Museo Nacional de Atenas, al que agradecemos nos permita divulgar la imágen). Su arcaico alfabeto es muy similar a los que a continuación estudiaremos y comentaremos.




Comenzamos hablando sobre la apreciación en que nos cometa cómo el alfabeto greco-ibérico usado en Levante contiene dos letras específicamente "suyas" e inexistentes en ese signario de la Jonia arcaica. Apareciendo en nuestra epigrafía Oriental una "R*" y una "SH"; considerando Mario Gómez-Morán que aquellos signos se añaden para poder cubrir las necesidades fonéticas del idioma ibero (que contendrían estos sonidos, a diferencia del griego). Letras que eran  -tal como hemos dicho- una "SIGMA fuerte" y una "Ro fuerte"; caracteres que verdaderamente no existen en el alfabeto jonio, pero que yo personalmente sí que he hallado en algunos otros "abecedarios" griegos más arcaicos. De hecho, estudiando los distintos signarios de idioma heleno más antiguos (del Egeo, Creta, o de la zona Cícládica), nos encontraremos que entre aquellos que escriben la "SH" y la "Ro doble" están especialmente: El de Creta, el de Tera y el de Naxos; todos ellos anteriores al siglo VII a.C., e incluso más antiguos que el propio Jonio (que comunmente se ha mencionado como único origen del grecoibérico -lo que consideramos no es totalmente exacto-).

Sobre los dos signos "añadidos" o inventados, uno de estos no es propiamente de la Península y ya era utilizado en la Hélade con una "letra" o símbolo igual. Nos referimos a la "SH" que se representa en una especie de "M" y que en verdad se trata de una "sigma" escrita de forma distinta. Ello porque la "S" común griega en alfabeto clásico se escribe " " ; pero es fácil observar que si giramos esta letra, aparecerá en la forma similar a una "M". Por lo demás, el mismo "signario" clásico heleno había perdido ya esta "SH", en la forma de esa "eme"; pero contenía curiosamente varias maneras de escribir la "sigma". Entre las que usualmente manejamos la conocida para "s" minúscula, " " ; la mencionada antes como mayúscula que era la " " y un signo que utilizaba para la "ese" al final de palabra y que era cercano y muy similar a nuestra " S " (a la que da origen).

Por lo demás, esta "SH" escrita como una "M" y que vemos en varios alfabetos arcaicos griegos, desaparece de ellos entorno al siglo VI a.C.. Surgiendo poco después un nuevo signo que quizás nace de aquella antigua "SH". Ella fua la " ", que antiguamente se había escrito con la forma de una " I " (ver imágenes de alfabetos). Una letra llamada en periodo clásico "xi" ( " " minúscula y " " mayúscula ), pero que creemos nace por transformación desde esta sigma "M" (sh) arcaica. Cuyo sonido quizás fuera el de "SHI", tan similar al de la "xi" y cuya minúscula tanto se parece a una extraña "S". Pero que en nuestro juicio pudiera tratarse de un fonema tan "mediterraneo" como el de la "CHE", que nos ha dejado en nuestro idioma español con una letra tan particular como la "ch".

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, alfabeto greco-ibérico escrito por mano de Mario Gómez-Morán. Observemos que los signos son muy pocos, careciendo de algunas letras helenas, que incluso los más arcaicos de los abecedarios ya tenían. Llamando la atención que no tenga ni "P" ni "M", lo que quizás indica que el idioma ibérico pudo pronunciarse de forma en la que no se distingueran las labiales, bastando con la "N" para una pronunciación "M-N"; tanto como con la "B" para un acento que tan solo tuviera como único el sonido el "B-P". Algo que sucede de forma un tanto parecida en los alfasilabarios ibéricos, que igualmente confunden la "B" con la "P", utilizando un mismo y único símbolo. De todo ello hablaremos más adelante.

ABAJO: Comparación del Alfabeto greco-ibérico con algunos otros anteriores. De izquierda a Derecha hemos recogido: AHIRAM del siglo XIII a.C.; MESA del siglo IX a.C.; ECHMUNAZAR del siglo VIII a.C.; Griego continental del siglo VII a.C.; GRECO IBÉRICO (hacia el siglo V a.C.); IBÉRICO ORIENTAL (solo letras, sin sílabas); IBÉRICO MERIDIONAL (solo letras, sin sílabas); CRETENSE del siglo VIII a.C.; TERA del siglo VIII a.C.; NAXOS del siglo VII a.C.; CORCYRA siglo VII a.C.; BEOCIA del siglo VIII a.C.. Como podemos apreciar, la gran mayoría de los signos helenos arcaicos son comunes al greco-ibérico; pero especialmente llaman la atención dos que existen en el ibero y en algunos griegos antiguos: La "SH" escrita como "M", que procede de los semitas del siglo VIII a.C. y la contienen todo el resto de alfabetos -incluyendo los puramente ibéricos-, a excepción del Beocio. Tanto como la "RR", que tan solo aparece en el greco-ibérico, al igual que en los alfasilabarios peninsulares. Recogiéndose también en el Cretense, de Tera y de Naxos (con igual símbolo a los ibéricos).


Un caso muy singular es este de la "R*" que en nuestra consideración debe corresponder al sonido de una "RR". Fonema que para escribirlo el signario greco-ibérico parece haber tomado su símbolo del alfasilabario Peninsular ibero, ya que ambos tienen un sígno en forma de "P" con un apóstrofe. "Letra" que no se ve igual en los alfabetos de Grecia, ya que usan otro distinto para representar la "R*", y que es similar a una "Q", que curiosamente sí será el que aparece en el alfabeto Turdetano (Ibero del Sur). Donde se observa que también escriben de manera igual (o exacta) la "R*", a como lo hacían en Creta y en las Cícladas (con este círculo partido muy similar a la Kof fenicia). Todo lo que nos lleva a plantear si aquellos que primero trajeron los albafetos hasta nuestras tierras hubieron de ser claramente gentes venidas de esta zona Oriental; especialmente de Creta, donde tantas afinidades hay con Tartessos. Por lo demás y como hemos visto, el resto de los caracteres grecoibéricos -tanto como los ibéricos (meridional y oriental; entre los que conforman letras no sílabas)-, son de igual origen pareciéndose muchísimo a los arcaicos de Grecia y Fenicia.

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, recopilación de alfabetos arcaicos griegos y comparación con el clásico; tal como la publica el magnífico libro "Reading the past" editado por el British Museum en1990 (en su página 264, al que agradecemos la gentileza nos deje divulgar esta imagen). En la columna izquierda podemos observar el de la Jonia, que no contiene la "SH" en forma de "M", ni tampoco la "R*" como una "P" con apòstrofe, tal como existen en el greco-ibérico. Ello, nos lleva a concluir que el que llega hasta nuestras tierras es un signatario cercano al jonio (a estos arcaicos de Grecia; incluso al de Atenas), pero muy influido por el cretense (o el de Tera) que sí contienen SH y R*.

ABAJO: De nuevo hemos recogido los alfabetos más arcaicos de la Hélade, junto a los ibéricos (atención, para leer bien los símbolos, girar la imágen). Esta vez los mostramos tumbados, con el fin de que se lean bien los encabezamientos; ya que en la foto anterior a la de arriba, al encontrarse en vertical el nombre de cada "abecedario" , se leían mal. En el gráfico comparativo, podemos comprobar claramente la similitud entre los de la Península y los de la zona de Creta. Por su parte, los signos de silabario ibérico (los caracteres que son sílabas) los hemos excluido y lo dejamos para siguientes entradas.



Algunas conclusiones podemos obtener claramente de cuanto hemos ido viendo. La primera es una "curiosidad", aunque no querríamos dejar de referirnos a ella; pese a que se trata de una opinión muy personal. Esta se refiere a la posible pronunciación del ibero, conforme se puede deducir: Teniendo quizás aquel idioma el sonido "ch" y la "erre" doble. Puesto que la aparcición de una letra "SH" nos lleva a pensar en la existencia de un fonema muy cercano a nuestra "CH"; lo que nada raro tiene puesto que es típicamente mediterraneo -para quien lo dudara, le sugerimos que piense en la "C" romana pronunciada como "ch"; que lleva a decir "chivile" por "civile", o "chelo" por "caelo"-. Por lo demás, la segunda letra "extraña" que aparece en todo el signatario ibérico (y en algunos de Grecia), es la "R*", cuyo sonido creo personalmente se puede tratar de la "doble erre" (igual a la que en nuestro idioma tienen palabras como "perro" o "roca"). Pronunciación igualmente común en algunas zonas del Mediterraneo y totalmente ajena a muchas zonas de Europa (siendo imposible encontrarla entre el mundo anglosajón o en el galo).

Por lo demás, el hecho de que el alfabeto greco-ibérico carezca de letra "M", o de "P"; puede coincidir con una igual explicación por la que los alfasilabarios tampoco distinguen en labiales (ni siquiera en guturales). Conteniendo un igual signo para la sílaba "ba", que "pa" y sin diferenciar entre ambos sonidos. Aunque hemos de añadir que entre los iberos la letra "M" se escribía perfectamente (tal como podemos observar en las imágenes superiores). De lo que la ausencia de este símbolo entre los epigramas greco-ibéricos levantinos, no deja de ser una extrañeza. Siendo una pregunta a responderse: ¿Con qué símbolo escribieron la "M" aquellos helenos asentados en nuestra Península y que desde el siglo V a.C., dejaron al menos diez inscripciones en la zona costera prerromana?. Puesto que tanto en su idioma de origen, como en el de la Península había el sonido y la letra M. De todo ello, creemos que muy posiblemente existe una confusión entre la "SH" y la "eme"; por lo que se han considerado todas los símbolos parecidos a esa "M" como una "SH". Pudiendo tratarse de algunas verdaderas "emes" aquellas que se toman todas por "SH" y cuyo diseño es tan parecido a la "M". Pues como podemos ver en los alfabetos arcaicos griegos, sería fácil confundir esas "sigmas fuertes" con una "mi" (sobre todo mayúscula), ya que la forma de ambas es muy cercana (por no decir igual). De lo que proponemos una pequeña revisión entre los diez o doce epigramas greco-ibéricos existentes, por ver si observando bien, puede hallarse una pequeña diferencia entre estas "M" que realmente han de leerse como "SH" (o bien "ch"); y otro signo muy parecido, que se tratara de la "Mi" griega inexistente.


JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, detalle de la famosa dama, encontrada en un lugar con topónimo griego: Llamado primeramente Helike, luego Ilici (que daría lugar a Elche). Se halló no muy lejos del Cerro de los Santos y en años muy próximos al estudio y excavación de aquel yacimiento (del que hablábamos en la anterior entrada). Curiosamente fue también Juan de Dios de Rada quien intenta comprar la Dama de Elche, veinte años después de suceder la triste adquisición de piezas falsificadas del Cerro de los Santos (que llegaron en 1872, al Museo Arqueológico Nacional que él dirigía). Por todo ello, parece ser que levantó muchas dudas una pieza de tal importancia y en ese estado de perfección; por lo que se hicieron necesarios varios estudios y tomar todas las medidas posibles, para asegurarse de que no se trataba de otra falsificación. En ese intervalo de tiempo y mientras se preparaba la partida de dinero para su adquisición, un arqueólogo destacado en España por el Museo del Louvre (el Prof. Paris) pudo comprarla con toda prontitud y llevarla rápidamente hasta la capital de Francia -pese a la negativa de venderla al extranjero de su dueña, quien esperaba la entrega del dinero del Arqueológico Nacional, con quienes había confirmado el trato-.

Como decíamos en la anterior entrada, uno de los mayores daños que provocó las falsificaciónes del Cerrro de los Santos, fue la de sembrar el descrédito y la duda entre los arqueólogos españoles. Quienes, sufrieron una terrible inseguridad tras el "timo" al haber invertido grandes sumas de dinero en comprar aquellas esculturas "hechas" por el relojero de Yecla. Algo que además se completó con la triste pérdida de credibilidad, al haberlas estudiado después adquirirlas, como si fueran auténticas. De ello, tras descubrirse el engaño -hacia 1880- confirmándose que una parte de las del Cerro de los Santos estaban recien esculpidas; las posteriores compras y estudios de piezas de arte ibérico, se realizaron ya con gran cautela. Algo que posiblemente motivó que en muchos casos el Museo Arqueológico que dirigía De Rada hubiera de tomar múltiples precauciones antes de comprar arte ibérico, perdiendo oportunidades y tiempo -como sucedió con la Dama de Elche-. Situación de dificultad, que sembró la incertidumbre y gracias a la que pudieron adelantase extranjeros en la adquisción de piezas importantisimas (que de otro modo hubieran sido compradas de forma inmediata por los museos hispanos).





Por todo ello, no es extraña la sospecha de que Juan Vicente Amat no hubiera realizado esas esculturas falsas (como él afirmaba); sinó que algunos malintencionados las hubieran llevado hasta su casa, con el fin de sembrar dudas y poder "campar así a sus anchas" entre los sabios españoles (quienes inseguros, sobre sus conocimientos, tardarían meses -o incluso años- en adquirir piezas nuevas, extrañas y caras). Sospecha que se completa con el hecho de que resulta más que improbable que aquel "relojero de Yecla" hubiera tenido tiempo para esculpirlas y no fuera visto por nadie haciéndolo. A ello se suma que quien las hizo, nunca pudo decir cuales eran las auténticas y cuales las falsas (pese a que él mismo aseguraba haberlas tallado); por lo que al ser forzado a reconocer las imitadas y talladas por él, cayó en estado locura, muriendo en un manicomio alicantino (hacia 1898).


BAJO ESTAS LINEAS: Detalle de la escultura de una "Koré" griega, perteneciente Atenas: Museo del Acropolis (al que agradecemos nos permita divulgar su imágen). Al menos uno o dos siglos más antigua que la Dama de Elche, esta bellísima escultura (datada en el 675 a.C.) se trata de un un tipo y modelo artístico que seguramente vieron y siguieron los escultores helenos -o grecoibéricos-, que tallaron posteriormente la ilicitana. Observemos el parecido en aire y formas, aunque evidentemente la moda y el tipo de trabajo de piedra sea muy diferente. Pese a lo que el "parentesco cultural" entre ambas piezas parece evidente. Por lo demás, la ciudad de Helike (luego Ilici y hoy Elche), se situaba en una de las primeras paradas de la llamada "Ruta Herakleia": Camino que habían de seguir los griegos, para llegar desde sus puertos de Levante hasta las minas de Andalucía. Debido a que los helenos no podían bajar con sus naves más al Sur de Akra Leuke (zona de Alicante); ya que a partir de este punto comenzaban los enclaves fenicios, fuertemente vigilados. Por lo que se sabe, para comerciar los griegos asentados en Levante con Tartessos y con el litoral Atlántico, tenían que dirigirse hacia Sierra Morena por tierra a través de Elche (o bajando hacia Mula y el Segura); en un camino que por ese motivo se denominó el de Heracles.



AL LADO: Dama Oferente del Cerro de los Santos (Albacete) -pieza propiedad del Museo Arqueológico Nacional, al que agradecemos nos permita divulgar su imagen-. Esta maravillosa dama, no tan perfecta como la de Elche y algo más tardía (se supone realizada hacia el siglo III a.C.); es otro ejemplo de la influencia de la estatuaria oriental en nuestra Península. El Cerro de los Santos, situado en las cercanías de Yecla, igualmente se halla en el camino entre los puertos griegos de Levante y las minas de Andalucía. Situado en una zona por donde hemos de pasar si deseáramos ir desde Denia-Alicante, hasta Bailén o a la Sierra del Segura; aquel paraje seguramente fue un santuario elevado con el fin agradecer y fomentar las transacciones comerciales entre los iberos y sus "clientes" extranjeros (fundamentalmente llegados del Este mediterraneo). De ello, que aquellos representados en las esculturas del Cerro de los Santos, guarden un aspecto tan rico en sus joyas o ropas; tanto como a la vez sean tan extrañas y compejas sus modas y autuendos (seguramente traidos por gentes metalúrgicas, venidas desde Grecia, de Chipre, Creta o Anatolia).





ABAJO: Posterior, pero en algo similar a la Koré helena antes recogida; es esta otra de origen jonio y que guarda el Museo de Chipre (al que agradecemos nos permita divulgar su imagen). Fechada sobre el siglo VI a.C. y por lo tanto ya próxima a la Dama de Elche en fechas, también coincide "en algo" en su estilo y aire (aunque esta de Chipre tiende mucho más al tipo arcaico heleno). Pese a ello, hemos de considerar que si hubo gentes que hacia el siglo VI a.C. ya trajeron el alfabeto jonio hasta nuestras tierras de Levante, no es de extrañar que igualmente pudieran importar sus escultores o sus esculturas, con el fin de abrir comercio e imponer su cultura y civilización entre los iberos. De lo que este tipo de estatuaria jónico-chipriota pudo llegar hasta las playas de Alicante (o ser vista por los iberos en su lugar de origen), en los mismos años que vino el alfabeto jonio. Quienes pocos años más tarde posiblemente encargaron a los griegos -o a los creto chipriotas- con los que comerciaban, el retrato de su reina (sacerdotisa o diosa) conocida hoy como la Dama de Elche.



Una última pregunta que se hace TEXTOS IBÉRICOS ha quedado por responder y esta es la que dicta: "¿Por qué los iberos modificaron el alfabeto, dando otros valores a los signos que las gentes del Oriente mediterraneo les trajeron?". Intentaremos contestar comenzando por lo ya expuesto, como era el caso del alfabeto greco-ibérico. Cuya variación muy pequeña puede explicarse por la necesidad de incluir dos "nuevas letras", ampliando así el signario para darle el sonido "RR" y el "SH". Pero tras ello queda algo más complejo de explicar, como es el tema del silabario ibérico. Cuyas variaciones ya son muy diferentes, pues no son simplemente algunos rasgos cambiados o modificados, ni menos un par de signos añadidos. Sinó que realmente consistió en tomar unos carácteres importados -muchos nuevos y otros que se los iberos crean -, para darles un valor silábico (no alfabético). Algo que parece sucedió por primera vez en la zona de Turdetania, hacia los siglos IX o VIII a.C..

De lo que hemos de deducir que el allfasilabario ibérico nace al tiempo que el alfabeto griego (sino antes). Puesto que los fenicios hacia el siglo IX a.C. exportaron su alefato a la zona de Eubea; donde lo modifican y divulgan entre los vecinos griegos, generando un siglo después el signario heleno arcaico. De lo que si las primeras inscripciones ibéricas en alfasilabario son del siglo IX al VIII a.C., ello supone que aún ni siquiera estaba divulgado ni "inventado" plenamente el alfabeto griego. Lo que obliga a pensar que en El Egeo todavía se escribía en el modo creto-mícenico y en las costas de Anatolia en el neo-hitita. Idiomas todos que usaban silabarios y no alfabetos; por lo que muy probablemente el alfasilabario llega al Sur Peninsular en estos siglos del IX al VIII a.C.; siendo gentes de origen hitita o cretochipriota quienes traen la escritura hasta Iberia. Cretenses o neohititas que desarrollaron un modo de escribir en idioma ibero similar al que tenían en sus tierras (basado en sílabas). Tomando para ello, ya muchos signos de los que los fenicios habían "inventado" en su nuevo sistema alefático (alfabético) y mezclándolos con caracteres que simbolizaban en una "letra" lo que se había de leer como una sílaba. De todo ello creemos que nació el alfasilabario ibero, como producto de la colonización de gentes venidas de Creta, Chipre o de las costas de Anatolia influidas por los fenicios (lugares todos en los que se todavía se usaba el silábico para escribir, al menos hasta el siglo VIII a.C..).

JUNTO Y BAJO ESTAS LINEAS: Al lado, damita votiva (tambien oferente) del Cerro de los Santos; propiedad del Museo Arqueológico Nacional al que agracedemos nos permita divulgar su imágen. Similar a la anterior, aunque esta de un tamaño muy inferior (siendo la anterior casi una figura natural, aunque esta no supera los cuarente centímetros). Vemos si observamos las esculturas del Cerro de los Santos, que todas ellas guardan una extraña moda, cargada de ricas joyas. Muy similar en estilo y tipología a las tallas que se hallan especialmente en la isla Chipre (aunque las que más se parecen a las ibéricas, se fechan con más antigüedad -entorno al siglo VI a.C.-).
BAJO ESTAS LINEAS: Mujer salmantina con moda "charra", en el dia de su boda (foto tomada de la página del joyero Luis Mendez). Observemos el parelelismo entre esta salmantina de hace unos cien años y las damas ibéricas; que no solo van engalanadas y peinadas de un modo tan similar, sinó que lucen una joyería muy parecida. Casi dosmilquinientos años separan las imágenes de unas y de otras, pero parece que las modas y modos de vida poco cambiaron en esos veinticinco siglos. Tanto que los trajes, joyas y tocados de las falleras (de Valencia o de Alicante) son casi iguales a los de su "abuela": La Dama de Elche. Ello es un motivo más para reflexionar y considerar si al idioma ibero le habría sucedido lo mismo, y el vascuence quizás pueda estar más emparentado de lo que pensamos con aquello que está escrito en los "textos" ibéricos.





domingo, 19 de febrero de 2012

CAPÍTULO VIII: Sobre la hipótesis griega.

[ -Recogemos las páginas principales del libro "Textos iberos" (en imágenes); resumiendo a su lado el contenido, para quienes no tuvieran tiempo de leer las hojas fotografiadas. Tras ello y en virtud de lo que se va exponiendo, añadimos nuestros comentarios y teorías. Opiniones personales, disertaciones e hipótesis sobre lo dictado en el libro, que incluimos en párrafos continuados a las fotos y en letra cursiva. Teorías propias que en algunos casos estarán de acuerdo con las incluidas en el texto que resumimos, aunque en otros, serán muy distintas-.]

AL LADO: Primera página del capítulo VIII de TEXTOS IBEROS; en este se explica la tesis sobre el posible origen griego de la lengua escrita por los iberos y cómo esta queda probablemente desechada desde el siglo XIX, debido a un engaño que sufre su mayor valedor: Juan de Dios de Rada. Un ilustre hombre de cultura de hace más de cien años, quien confió en la epigrafía y esculturas que le fueron presentando como "halladas" en un monte cercano a Yecla. Llegando a traducir varias lápidas que habían falsificado y que le dijeron procedian de este Cerro de los Santos, aunque en verdad fueron obra de "un relojero" llamado Juan Vicente Amat. El yacimiento era de enorme importancia y desde 1860 comienza a estudiarse; aunque tristemente el mencionado falsificador (un decenio más tarde) se autoproclama su descubridor. Afirmando así haberlo excavado y tener una colección de arte ibérico de valor incalculable; mezclando esculturas talladas por él, con otras compradas en diferentes lugares, junto a los restos verdaderos que había sacado de aquel Cerro próximo a Yecla.

BAJO ESTAS LINEAS : Retrato de Juan de Dios de Rada y Delgado. Uno de los arqueólogos más insignes de su tiempo (sinó el más prestigiado). Catedrático de Arqueología, Epigrafía y Numismática. Senador del Reino y viajero incansable, completó sus estudios con campañas arqueológicas por todo Oriente Medio, Egipto y Grecia; llegando a ocupar los cargos más relevantes del mundo de la cultura y la Historia en nuestro país en el último tercio del siglo XIX. Dedicó su escrito de ingreso en la Academia de la Historia (en 1875), a las esculturas del Cerro de los Santos; incluyendo tristemente un análisis que abarcaba gran parte de las falsificadas por Amat. Algo que llevó a concluir que era el griego el idioma en que estaban escritos estos epigramas iberos (muchos de ellos falsos, que transcribió y tradujo, junto a otros auténticos). Muy posiblemente, tras este gran engaño y fracaso del prestigiado Juan de Dios de Rada; la tesis de que el idioma de los textos ibéricos pudiera estar emparentado (de algún modo) con lenguas helenas, quedó desechada -incluso "maldita"-.


AL LADO: TEXTOS IBEROS, Continúa la historia sobre el Cerro de los Santos, donde Paulino Savirón y Esteban (académico de San Fernando) fue hacia 1870 enviado a tomar planos del yacimiento y a realizar diversos dibujos de este. Allí, ese famoso grabador entró en contacto con el "relojero" de Yecla (llamado Juan Vicente Amat) quien le vendió un gran número de esculturas que afirmaba él mismo había excavado. Tanto fue así, que Savirón invirtió la mayor parte de los fondos asignados para 1871, al estudio y excavación de aquel antiguo templo aparecido junto a Yecla. Comprando decenas de estas esculturas, que una vez traidas a Madrid ya levantaron sospechas sobre su autenticidad. Poco después se pudo demostrar que una parte se trataba de falsificaciones realizadas por el mencionado joyero, lo que supuso a Juan de Dios de Rada un escándalo. Ello, porque aquel ilustre académico, era además de profesor de arqueología, epigrafía y numismática, el director del Museo Arqueológico y quien había dado el beneplácito para su compra. Para mayor tristeza (como hemos dicho), Juan de Dios de Rada, había traducido gran parte de la epigafía contenida en estas falsificaciones; publicando sus conclusiones en su discurso de ingreso en la Academia de la Historia. Hechos estos, que no solo desacreditaron en parte a este magnífico hombre de cultura; sinó que fundamentalmente dejó absoleta e inaceptable su teoría sobre la lengua ibera, en la que se afirmaba cómo los textos ibéricos habían sido escritos en un idioma cercano a los helenos.

BAJO ESTAS LINEAS: Escultura de un matrimonio oferente del Cerro de los Santos. Este yacimiento que comprende un santuario sobre un monte, situado en Montealegre del Castillo (Albacete); parece que estuvo en uso desde el siglo IV a.C., hasta comienzos del IV d.C. -cuando ya Roma ordena destruir los templos no cristianos-. La gran mayoría de sus esculturas, como la que en la foto vemos, se contienen imágenes oferentes o votivas, fechables entorno al siglo III a.C. (que han de suponerse regaladas al lugar sacro ibérico, por sus fieles). En su gran mayoría, aparecen "retratados" ricos habitantes de la Hispania Prerromana, que lucen precisos tocados, con preciosa joyería y una bella moda, que ha de suponeres procedente principalmente de Cartago y de Oriente Medio. En la foto: Matrimonio (hombre y mujer) iberos que ofrecen una libación -vaso en mano-, ataviados con preciosas túnicas en pliegues y tocados a modo oriental (cargados de ricos adornos). Sus paralelos con la escultura de lugares del Este mediterraneo -como por ejemplo la de Chipre (muy anterior a esta época del Cerro de los Santos)-; tanto como lo "ostentoso" de sus adornos y sus rígidas posturas. Nos hacen pensar que este pueblo asentado en las inmediaciones de Yecla (hace unos dosmil quinientos años), era rico, culto y -sobre todo- muy influido por costumbres del Mediterraneo Oriental.


Parte en este capítulo Mario Gómez-Morán de una "sospecha" fundada, explicando que debido a esas falsificaciones del Cerro de los Santos y al "fiasco" que produjeron las traducciones de su "imitada epigrafía" desde el griego, seguramente se desechó la hipótesis greco-ibérica. Puesto que aquel timo -de seguro- motivó el abandono de la tesis que acercaban la lengua escrita prerromana de nuestra tierra, a alguna de las más antiguas del tronco heleno. Teorías que defendían la raiz oriental de nuestro idioma más antiguo, que nacieron hacia 1850 por dos motivos: Primero tras la aparición de las falsas esculturas de Amat. Pero sobre todo porque habiéndose ya avanzado muy poco en transcipciones con otras hipótesis lingüísticas; ya desde mediados del siglo XIX, los investigadores comenzaron a suponer que aquellos escritos iberos pudieron tener un nexo común con los griegos (o proceder de Anatolia). Tesis, que como decimos quedó "maldita", tras haber traducido Juan de Dios de Rada por este medio gran parte de las falsas inscripciones del Cerro de los Santos. Y que principalmente se abandona, cuando aquel gran hombre de la cultura, que escribió su famoso discurso de ingreso en La Academia de la Historia analizándolas como buenas (hallando etimologías egipcio-helenas). Queda en gran evidencia, al demostrarse poco después que habían sido recientemente grabadas por el llamado "relojero de Yecla".

Un rocambolesco asunto, debido a la mano y a la ambición de un loco, quien entre sus dedicaciones tuvo la de sacamuelas y curandero; pero que se logra asentar como "anticuario, relojero y joyero" en Yecla. Así hacia mediados del siglo XIX, Juan Vicente Amat aparece como "experto" excavador, tras descubrirse el Cerro de los Santos (esculturas que comienzan a aparecer al haberse deforestado un bosque sito en este monte). En este momento, gracias a las dotes de charlatán que tenía el mencionado timador y a su carácter de "tiralevitas" decimonónico; consiguió granjearse la amistad de personajes como Juan de Dios Aguado y Alarcón. Quien en verdad fuera el primer estudioso del Cerro de los Santos, pese a que cometió el tremendo error de considerarlo un santuario visigodo. De igual modo, Aguado, confundido por las palabras y las continuas excavaciones que (decía) iba haciendo el "relojero" Amat, llega a nombrarle en sus escritos como "descubridor" del yacimiento. Tanta relevancia tomó aquel charlatán que pasaron desapercibidos otros trabajos verdaderamente serios sobre el monte de Yecla. Como es el caso los de Carlos Lasalde (insigne religioso de S.J de Calasanz), que fuera el primero en fotografiar el Cerro y en estudiarlo con verdadero criterio. Ni siquiera se dió importancia a los escritos sobre este de José Amador de los Rios; que negaba la consideración de Juan de Dios Aguado, manteniendo con muy buen criterio cómo aquel templo y sus esculturas no podían ser nunca visigodas.

De tal manera, en toda esa historia que envolvía de "misterio" aquel Cerro de los Santos", fue tomando una principal relevancia el que realmente sería un falsificador de muchas de ellas (el antes sacamuelas y curandero, famoso charlatán y timador: Juan Vicente Amat). Tanto fue así, que cuando el Museo Arqueolólgico Nacional envía en 1870 al lugar a Paulino Savirón y Esteban (conocido grabador académico de San Fernando), aquel queda impactado con la colección que decía Amat había excavado con sus medios en el subsuelo del Cerro. Por todo lo que decide invertir el dinero que le habían entregado -para llevar a cabo una campaña de prospeciones y hallazgos durante 1871-; comprando casi toda la colección de aquel. Timando el relojero al propio Museo Nacional, al que vende esculturas adquiridas en otros lugares (de muy distintas épocas) a más de las falsificadas por él mismo. Donde había puesto "gran énfasis", en grabar por su mano inscripciones; marcas y letras, que de mala fe y para que fuera mayor la dificultad en identificar y enteder, hizo incluso entre las piedras originales halladas en el Cerro -signos extraños y que nada tenían que ver con los iberos-.

Pero todo aquello que le reportó tantos beneficios en una época de su vida, terminó por arruinársela. Tanto que finalmente Juan Vicente Amat, moriría hacia 1898 en un hospital de locos ( la Casa de Misericordia de Alicante), tras saberse por todos hacedor de una patraña que obligó a una personalidad como Juan de Dios de Rada, a estudiar sus burdas copias como auténticas (quedando como un "hazme-reir" en parte de Europa). Unas piezas -tan falsas como su escultor-, que no pudieron catalogarse plenamente por entonces, puesto que aquel que las hizo se negó siempre a narrar cuales eran las debidas a su mano y cuales las auténticas. Produciendo con ello el descrédito entre las élites arqueológicas españolas; al conocerse la burla, precisamente gracias a la intervención y estudiosos extranjeros. Quienes las analizaron con menos "sentido patriótico" (y una mayor "frialdad"), determinando su no autenticidad-. Tras todo aquello, nadie volvió a pensar que el idioma escrito por los iberos pudiera estar emparentado con algunas lenguas helenas; teoría de Juan de Dios de Rada, que hacia 1880 queda "vetada" y olvidada (provocando incluso a día de hoy algunas sonrisas, si lo comentamos en foros arqueológicos).


AL LADO: Siguiente página de TEXTOS IBEROS; en la que podemos leer una frase donde Juan de Dios de Rada explica claramente su opinión sobre el idioma ibérico. Diciendo aquel sabio, en su "destripado" discurso de ingreso a la Academia: "¿Qué lengua se habló allí?. Para responder a esta pregunta solo puedo fijarme en las inscripciones descubiertas y que me han sido factibles leer (...) patentizan que la lengua de la región era la griega, modificada por dos elementos; el asirio y el ibérico y muchísimo más por el egipcio. En griego está la bella inscripción del Fénix (...) en griego puro está el epígrafe de silobato". Tras lo que termina diciendo: "El griego era el lenguaje del pueblo", Comparando a continuación, lo que pudo ser aquel idioma heleno entre los habitantes de la Hispania Prerromana, con lo que el italiano es en todo Aragón, o en Levante; donde entienden el habla de Petrarca con enorme facilidad (debido a los nexos habidos entre el lado Este de nuestra Península y la Itálica desde tiempos inmemoriales).

BAJO ESTAS LINEAS: Página del trabajo de Juan de Dios de Rada, publicado en MUSEO ESPAÑOL DE ANTIGÜEDADES:
"Antigüedades del Cerro de los Santos, en el término de Montealegre, conocido vulgarmente bajo la denominación de antigüedades de Yecla" en Museo Español de Antigüedades, Volumen VI, 1.875. En la litografía observamos piezas falsificadas por el "relojero" Amat, entre cuyas inscripciones imitadas a modo ibero, existe una que se repite y dicta algo como "XK O9 ES" (que más bien se parece un número de identificación, aquecualquier epigrafía ibérica). Tristemente, el investigador que entonces era director del Museo Arqueológico, comenzó sus estudios de ibero desde estas del Cerro de los Santos. Así, partiendo de conclusiones que bien pudieran ser ciertas y habiendo llegado a buen fin; por culpa de aquel timador sus tesis fueron víctima del mayor descrédito (lo que incluso llegó a desanimar a muchos otros arqueólogos a continuar sus estudios sobre el ibero, temiendo que la epigrafía que le presentaban fuera igualmente "de poco fiar").

Nunca sabremos si aquellas falsificaciones fueron simplemente hechas por el relojero de Yecla, para obtener unos beneficios económicos; o si detrás de todo hubo además el intento de dañar a los investigadores hispanos. Puesto que muy raro resulta que precisamente fueran extranjeros los que descubrieron el timo. A la vez, y muy poco depués algunos de estos que observaron y aseveraron las falsificaciones del Cerro de los Santos, contribuyeron a la compra y exportación a sus paises de piezas ibéricas; algunas tan importantes como La Dama de Elche (que en parte no se adquiere entonces por el Estado Español, al dudar sobre su autenticidad, tras los hechos relatados en Yecla).







AL LADO: Página 47 del libro que resumimos. Viene del epígrafe y párrafo anterior (ver foto superior), en el que comentaba acerca de los idiomas helenos, su antigüedad, extensión y dialectos. Exponiendo cómo tras los descubrimientos de Chadwik y Ventris, se sabe que los minóicos a mediados del II milenio a.C. ya hablaban una lengua cercana a la griega (un pre-aqueo). Suponiendo que tal como dice De Rada, había un idioma para el común entendimiento de los pueblos que comerciaban por mar y que debía ser un dialecto del heleno -al menos en el área Norte del Mediterraneo-. Afirmando Mario Gómez-Morán que sin un permanente contacto y una lengua establecida, que les permitiera hacer intercambios, fijar pactos y etc; es impensable que los griegos pudieran comerciar y menos establecer bases occidentales (emporios en puertos como los que tenían en la Península Ibérica). De tal manera sabemos cómo las ciudades costeras que los helenos fijan en el litoral del Levante, eran verdaderos enclaves sometidos a un "status de colonia" en territorio ajeno.

De tal manera, cree que hubieron de escribir y comunicarse gráficamente con los habitantes hispanos prerromanos, tanto como para llegar a redactar en alfabeto jonio sus "pactos". Todo ello, en ese abecedario arcaico heleno (greco-ibérico) que en nuestras tierras se llega a modificar en parte. Lo que le obliga a pensar (a Mario Gómez-Morán), que realmente había una gran aculturación por parte de los griegos, tanto como para haber llegado a crear un idioma común con el que escribir, pactar y hablar con los iberos (algo que les obligaría a introducir nuevos signos, por ser en algo distinto al griego puro). Pasando tras ello ya a exponer que en los escritos ibéricos se ve una dependencia clara cultural, entre el pueblo prehispano y el heleno. Finalizando con la exposición de que el idioma de la Hélade era común en todo el Mediterráneo, algo que incluso se puede comprobar en la Piedra de Rosetta, que contiene el texto también traducido en esa lengua -pudiendo haber sido en aquella época y para el Mediterraneo, el griego como "una especie de inglés" moderno; en el que comunmente trataban los empresarios, pilotos (de barcos) y gentes que habían de trabajar con, o en el extranjero-.





BAJO ESTAS LINEAS: Portada del discurso de ingreso a la Academia de la Historia de Juan de Dios de Rada. La escultura que aparece en la cubierta del libro es igualmente una de las que falsificó el joyero Amat, lo que da cuenta del daño que hizo a la arqueología de aquel momento el timo que hemos comentado. Tristemente, tras haberse descubierto la patraña y el engaño al director del Museo Arqueológico Nacional, las teorías de De Rada sobre el posible origen mediterraneo oriental de la lengua ibera, quedaron desechadas. Pese a ello, es perfectamente creible la hipótesis que afirma como el pueblo metalurgio (llegado desde Creta, Chipre, el Egeo o Anatolia) que colonizó la Península en el Bajo Bronce; fue el mismo que trajo un idioma, imponiéndolo en casi toda la Península. Siendo aquella lengua llegada desde Oriente (principalmente en el II milenio a.C.), la misma que luego hablarían los habitantes prerromanos. Ello, por efecto de una aculturación, debida a la búsqueda de metales que por todo el territorio y durante varios siglos llevaron a cabo gentes venidas desde el Este y por mar (algo que es a nuestro modo de entender la forma acertada de entender esta teoría dl origen "semi-heleno" del ibero).


Tal como en el pie de foto anterior exponemos, en nuestra opinión personal es una hipótesis perfectamente plausible, creer que la lengua que hablaban en común los iberos antes de la llegada de Roma, les había sido impuesta por sus colonizadores (muy anteriores a los latinos). Ello se muestra y se demuestra, porque al ser conquistados por los romanos les sucedería lo mismo; llegando a hablarse latín en toda la Península, en pocos siglos (por no decir "en pocos decenios" -para lo que basta tan solo que nazca una generación nueva que se eduque en la nueva lengua-). Por otro lado, evidentemente parece lógico pensar que en las colonias fenicias y griegas, se hablara como lo hacían aquellos llegados desde Oriente. Siendo evidente que así fue, porque hay epigrafia griega y fenicia en estos puertos como Gadir, Sexi o Ampurias. Por lo que siendo esos escritos púnicos y helenos, muy distintos a los que estudiamos; nos debemos plantear: ¿Qué lengua era esa otra, que redactaban en un alfabeto tan distinto los iberos?.

Según De Rada se trataba de un idioma "mezclado", de origen griego pero con raices comunes a los de Oriente Medio, e incluso influido por el egipcio. Pese a que "aquello" no existe (exactamente) lo más perecido a ese modo de hablar sería el creto-chipriota. Resultando curioso como Juan de Dios de Rada, fuera capaz de formular esta teoría aún años antes de que se descubriera el Imperio Minoico -incluso con casi un siglo de anticipación a que se estudiaran los escritos cretenses-. Llegándose a la conclusión de que así lo hizo porque es lo que dicta el sentido común. "Sentido común arqueológico" que nace tan solo de ver las piezas que se descubren pertenecientes a la Iberia prerromana, cuyo parecido con las de Oriente Medio, Grecia Arcaica y el Egipto coetaneo, es asombroso. De tal modo, si pensamos que aquellos que trajeron los metales y objetos, importaron tambien la cultura y que ellos mismos nos aportaron el idioma y la civilización. La conclusión es esa que dicta: Que lo iberos hubieron de hablar una lengua nacida en la zona de Grecia, Anatolia y Oriente Medio, e influida por otras cercanas a la egipcia (al menos en sus alfasilabarios o signos).

Por lo demás, en mi opinión personal, Juan de Dios de Rada -tanto como Mario Gómez-Morán- quizás tienen un problema al considerar que los primeros que aculturarían nuestras tierras y trajeron su lengua, lo hicieron en la Edad del Hierro. Puesto que yo creo que este proceso de llegada del idioma ibérico -común- se realizó principalmente durante el Bronce (fundamentalnete en la última fase de este). Ello, porque como hemos explicado, desde el 1600 al 1000 a.C., en el Oriente Mediterraneo se suceden terribles convulsiones, que hacen tambalearse primero al Imperio Minoico (incluso al egipcio). Cayendo más tarde (en el siglo XV a.C.) el Hitita, tras lo que posteriormente han de huir de las costas de Anatolia los llamados Pueblos del Mar. Hechos estos que se suceden desde la desaparición de los hititas, hasta el dominio y la profusión del Hierro por todo el Este Mediteraneo. Destruyendo los Hombres del Nuevo Metal, aquellos imperios que se habían asentado y crecido bajo el Bronce; quienes fueron pasto de los dueños de las armas de hierro (desde el siglo XIV- XIII a.C.). Todo lo que obliga a sucesivas oleadas de personas, que huirían a Occidente; procediendo de aquel mundo del Bronce y del Este mediterraneo, buscando refugiarse en otras tierras -siendo las mejores y más seguras, las más lejanas y ricas (como las nuestras o Italia)-.

De aquella aparición del hierro en Anatolia y de las gentes que huyeron del terrible brazo armado de los bárbaros que luchaban con un metal tan duro como fácil de extraer; se hubo de suceder la llegada de diversos pueblos que buscarían refugio en nuestra Península (o en la italiana). De aquello nacería -sin duda alguna y en mi opinión- el mundo etrusco y el ibérico. Por lo demás, otros de los convulsionados por la caida de las civilizaciones del Bronce y que pudieron establecerse en zonas más cercanas a sus tierras (como Anatolia interior, o la franja del actual Líbano); generaron también unas nuevas culturas, tales como: La Neohitita, o la que se llamó Fenicia. Civilizaciónes muy influidas por las predecesoras, pero que igualmente nacen formando pueblos muy distintos -tras la destrucción del mundo hitita, del minoico y con la profusión del hierro en Oriente Medio (desde el siglo XV al XII a.C., como hemos dicho)-.

Pese a todo ello, los fenicios -al igual que los griegos- no parece que culturizaran a los iberos hasta el límite de enseñarles su lengua. Algo que creemos se demuestra en que existe epigrafía en lenguas semíticas y helenas repartida por toda la Península; siendo estas completamente ajenas a la ibérica. Un hecho que nos obliga a pensar que el idioma de los iberos no era ni el griego (propiamente dicho) ni el fenicio (exactamente). Siendo aquel que -en nuestra opinión- fueron trayendo las gentes venidas del Egeo, de Creta y de Chipre durante este periodo comprendido desde el desastre del Minoico al final del Bronce (del 1600 al 1000 a.C.). Conformando una lengua ibéra, que sería común y en la que escribieron los habitantes penisulares prerromanos; de la que surgiría la última de las autóctonas que quedó en nuestras tierrras (el vascuence). Lengua aún viva, que seguramente es cercana en orígenes al creto-chipriota y por lo tanto está emparentada con el hitita y las caucásicas. Pese a lo que hoy en dia y por su evolución, tristemente quizás el euskera no sirve por si solo para traducir los textos iberos -puesto que habrá evolucionado tanto o más que el "latín que hoy hablamos" en las formas de francés, italiano o castellano-. De lo que en mi opinión, las interpretaciones de los textos iberos, habría que apoyarlas en radicales proto-indoeuropeos anatólicos, egeos (o creto-chipriotas).

Finalmente, la circunstancia de que los jonios escribieran en su alfabeto epigrafía ibérica, demuestra (también en mi opinión) que el idioma hablado por aquellos habitantes de la Península en época prerromana, no era el de los helenos llegados -que simplemente anotaron otra lengua, en un abecedario propio-. Por ello creo que hubo de ser una forma de hablar o escribir distinta a la helena; puesto que de lo contrario aquellos textos inscritos en greco-ibero (como se denomina) simplemente estarían redactados en griego arcáico. Todo ello me lleva a considerar, cómo siendo una hipótesis posiblemente cierta que la lengua de los textos iberos pudo ser de raiz igual a las helenas; no se pueda afirmar que era tan cercana a la griega (tal como De Rada o Mario Gómez-Morán afirman). Llegando a la conclusión propia de que se trataba de un neohitita, o un neo-cretense; idiomas muy anteriores y diferentes a los dialectos helenos (y que curiosamente están emparentados con el vascuence).

SOBRE Y BAJO ESTAS LINEAS: Diferentes litografías recogidas en MUSEO ESPAÑOL DE ANTIGÜEDADES, que publicó Juan de Dios de Rada en tres ocasiones (las láminas que recogemos son de
:"Antigüedades del Cerro de los Santos, en el término de Montealegre, conocido vulgarmente bajo la denominación de antigüedades de Yecla" en Museo Español de Antigüedades, Volumen VI, 1.875) . Las copias de esculturas que observamos son tan burdas como tristes. Si el lector tiene tiempo para aumentar la foto verá en la parte de abajo de esta imágen, un órbe en medio de "dos pseudo-naves". Mundo redondo (no admitido por Grecia hasta el geógrafo Ptolomeo), que para colmo lleva marcado un Ecuador. Para mayor burla, la figura del orbe no es como en la Antigüedad se representaba, sinó tal como ya Newton la describe (un globo achatado). Como decimos, se encuentra en medio de este Mundo, dos "especie de naves", bajo las que pone hasta ARGOS. Mención clara al viaje de los Argonautas, en el que se narra como Jasón y los suyos, marchando hacia el Este, terminan apareciendo por el Oeste. Ello porque los griegos (como todas las culturas marineras) conocían la esfericidad de la Tierra -pese a ello, darlo a conocer era "anatema religioso"; por lo que tan solo algunos filósofos y astrónomos que dominaban la ciencia, se permitían enseñar la esfericidad del Mundo; no siendo un tema que el pueblo llano pudiera saber, ni menos difundir-.

Eran los años en los que se descubre el Cerro de los Santos, fechas previas al IV centenario del descubrimiento de América (De Rada compra el lote de esculturas a Amat en 1872, veinte años antes de aquel evento). Precisamente es aquella igualmente una época en la que este IV Centenario significaba mucho para España. Un país en plena crisis nacional, que se debatía aún entre las guerras de las pocas colonias que le quedaban (apenas las tres últimas islas: Cuba, Puerto Rico, Guam y Filipinas). Viviendo una meteórica decadencia -económica y de valores-; lo que llevó a llegar a solicitar la independencia al Cantón de Cartagena, e intentar hasta que Jumilla fuera un estado federado. En estos años de terrible crisis y cercanos al IV centenario del Descubrimiento, aprovechó Amat para crear esas figuras, entre las que esta del Argos, llegando al Occidente ya parece más una broma de mal gusto referida a la llegada de Colón hasta América... . Tristemente, la buena fe y la inteligencia sin malicia de nuestros académicos e investigadores, se vió literalmente asaltada por la mano del "relojero de Yecla". Tanto que tras comprar aquellas burdas y "burlas" de imágenes, llegaron a formular teorías sobre el origen del idioma y de la cultura iberas. No se sabe cuanta gente sufriría gracias a aquella "broma" hecha por el ambicioso Juan Vicente Amat (muchos y en especial el director entonces del Museo Arqueológico). Pero quizás lo más triste de todo aquello, fue al abandono de las teorías que intentaban unir los orígenes de la Península a Oriente Medio, Anatolia y al Mundo griego; relacionando ciclos míticos -como el del Vellocino de Oro o el de Heracles- con el principio de nuestra civilización. Hipótesis que quedaron desde entonces, como una "triste ilusión" soñada por ajenos a la realidad. Todos aquellos hombres tan ilustres, como Juan de Dios de Rada o Juan de Dios Aguado, quienes habían comprado y admirado las esculturas del "joyero Amat".



ABAJO: Otros ejemplos de estas figuras hechas solo con el fin de engañar a los arqueólogos por Juan Vicente Amat.