domingo, 7 de octubre de 2012

ORIGEN Y SIGNIFICADO DE LAS REPRESENTACIÓNES ZOOMORFAS CERCANAS AL "LOBO VACCEO". Capítulo ANEXO: Sobre las teseras hospitalarias; parte tercera (III) -CONTINUACIÓN-

 
VIENE DESDE LA ENTRADA DE ARRIBA; ES SU CONTINUACIÓN
El orden de lectura de las entradas que le preceden es el siguiente:
TESERAS CON FORMA SIMILAR A UN OSO. Capítulo ANEXO: Sobre las teseras hospitalarias; parte tercera (I).

http://sobrelostextosibericosdemario.blogspot.com.es/2012/10/blog-post.html

ORIGEN Y SIGNIFICADO DE LAS REPRESENTACIÓNES ZOOMORFAS CERCANAS AL "LOBO VACCEO". Capítulo ANEXO: Sobre las teseras hospitalarias; parte tercera (II).

http://sobrelostextosibericosdemario.blogspot.com.es/2012/10/blog-post_4611.html
(es imprescindible leer previamente el artículo que hay encima -en el blog-)


AL LADO:
Detalle de la escena de sacrificio del caldero de Gundestrup (agradecemos nuevamente en Museo Nacional de Dinamarca -arqueológico de Copenhage- nos permita divulgar la imagen). En ella vemos claramente un cánido en situación muy semejante a la del perro de Mitra y que al parecer aprovecha el sacrificio para lamer sangre, o intentar coger alimentos desde la crátera. Al lado de este lobo -o perro- hay un ser gigante que introduce a un guerrero (muerto) en el gran caldero; lo que en opinión de otros es un sacerdote sacrificador que mete en aquella tina metálica a un niño. Su sentido para muchos está relacionado con una inmolación humana, aunque para nosotros se trataría del ritual de reencarnación o de resurección de la mitología céltica. Religión que narra como los dioses tienen la capacidad de "cocinar" en el caldero sagrado a los soldados caidos en la guerra, para devolverles la vida o sanarles. Una ceremonia que sin duda alguna habla de las pócimas y medicamentos que los druidas y magos realizaban, para curar a los heridos en combate.
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ABAJO: Parte de la escena anterior completada de una lámina del caldero de Gundestrup (nuevamente agradecemos al Museo Nacional de Dinamarca, nos permita divulgar la imagen). En esta observamos claramente al personaje de proporciones sobrehumanas y vestido de soldado (con cota de malla, o bien traje protegido por trenzados), luciendo coleta y que introduce a una persona en el caldero. Algunos han identificado este momento con los sacrificios al dios Teutates, a los que se ahogaban víctimas. Otros con un ritual de muerte de un enemigo desangrado sobre la crátera, mientras el perro o lobo lamería su sangre. Finalmente, los hay que se relacionan la imagen que vemos con un ritual de bautismo aunque nosotros la vemos unida a los famosos calderos mágicos de capacidades curativas y que devolvían la vida a los guerreros muertos en combate (siendo nuestra opinión que esto último es lo que se representa en la escena).


 
 
4- EL SACRIFICIO EN GUNDESTRUP Y SU RELACIÓN CON EL CÁNIDO:

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El Caldero de Gundestrup que venimos analizando se completa con algunas placas de plata más, entre las que destaca aquella que hemos recogido en su parte izquierda arriba y que representa un sacrificio ritual. Tal como vemos en las otras imágenes bajo estos párrafos, su escena completa consiste en un desfile de guerreros a caballo (clase ecuestre) bajo los que hay otra fila de infantes armados (escuderos o simples soldados). Al lado derecho unos músicos celebran la "parada militar", tocando el gran cuerno trompeta (karnix), mientras a nuestra izquierda vemos el personaje gigante que introduce a un humano en un caldero, bajo el cual un perro lame lo que se supone, son las gotas de sangre del ese muerto (o bien espera para comerlo).
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Antes de comentar lo representado, hemos de explicar que el caldero entre los celtas (indoeuropeos de todo el continente) contenía un valor religioso muy singular. Atestiguando ya Estrabón (1) que estos pueblos del centro y Norte de Europa tenían por costumbre depositar calderos o tesoros en las ciénagas y lagos. Lugar en el que precisamente fue hallado este de Gundestrup, tanto como muy cerca y también entre los lodos, se encontró otro (no tan valioso) que sacaron de la turbera danesa del lago Bra. De un mismo modo, han aparecido este tipo de "ollas rituales" entregadas al pantano o a sus fangos, en Duchcor (Checoslovaquia), o en las orillas de Blackbum Mills y en Carlingwark lake (Escocia). Cuanto decimos, se asocia igualmente a numerosos hallazgos de hachas, armas, joyas o corazas, arrojadas por los celtas a las aguas y que se cuentan por centenares en toda Europa.
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Por lo demás, el significado religioso de estos calderos se asocia con varios ciclos mitológicos (irlandeses y galeses en especial), tanto como con rituales celebrados por los druidas y con los sacrificios ofrecidos a las divinidades. Entre ellos destaca la famosa "olla" del dios gaélico Dagde, quien poseía la "cuba inagotable", cuya miel, carnes, vinos y viandas nunca paraban de manar desde su interior. Siendo este un verdadero "cuerno de la abundancia" con el que se festajaba a los guerreros valientes en el "banquete final". En el Más Allá se hallaba estea "crátera de la abundancia" inagotable y con la que celebraban las fiestas los más fieros soldados caidos en combate. Aunque también, desde el reino de los muertos le fueron entregados a los hombres varios calderos con poderes mágicos y curativos. Así, entre las leyendas gaélicas se halla mención de estas "tinas metálicas" sagradas, que incluso tenían la capacidad de resucitar. Siendo muy famoso el "Caldero de Bran" soldado que recibió esta preciada crátera en las orillas de un lago en el que fué encontrado y que posteriormente regaló al rey de Irlanda. Crátera de Bran cuyo enorme don era el de resucitar a todo guerrero que se introdujera y que fuera allí cocinado.
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Algunos cofundidamente denominan a esta mágica olla "El Caldero de Lug", pues en verdad aquel divo celta se tuvo por el dios de la medicina (aunque más bien debe comparársele con Apolo -por cuanto era el patrón de la sabiduría y de las las artes-). Pero realmente era Dagda el poseedor de esta gran crátera de metal de poderes mágicos y que en nuestra opinión está muy relacionada con la farmacopea. Creación de pócimas, brebajes y remedios que entre los druidas se ejercía profusanmente, cociendo vegetales y misteriosas póciones en esas ollas "sagradas". Finalmente otras historias identifican las grandes tinas con el divo principal celta llamado Teutates (padre de todos). Al que según Lucano se sacrificaban humanos ahogándolos -en los rios o en cubas- (2) . Todo cuanto pudiera explicar la escena que hemos visto representada en el caldero de Gundestrup y que a continuación recogemos de forma contrastada para observar mejor sus detalles.
 
AL LADO:
La imágenes anteriores de sacrificio destacadas y contrastadas para que se aprecien bien todos sus pormenores.
ABAJO: La escena completa de la placa en la que vemos el desfile de soldados (arriba ecuestres, abajo infantes) y al lado unos músicos tocando la tuba sagrada; lures o karnix de largo cuerno en cuya boca figuran esulpidos lobos feroces. Del otro lado, un sacerdote (o más bien un dios) introduce en el caldero a un guerrero muerto, mientras un lobo lame su sangre.


 
 
Muchas son las teorías acerca del significado de este sacrificio
, aunque la gran mayoría relacionan su representación con la imolación humana, que historiadores y fuentes clasicas relatan muy comunes entre los celtas (3) . Normalmente se ha visto en esta imagen un sacrificio de presos, basándose en una de las citas de Estrabón, en la que el geógrafo historiador afirma que era costumbre de los pueblos de Jutlandia cortar la garganta a los prisioneros, dejando se desangrasen en un caldero (4) . Narrando concretamente como las sacerdotisas que acompañaban a sus ejércitos vestían con coronas a aquellos infortunados a los que luego suspendían por los pies para degollarlos ellas mismas, dejando caer su sangre en una gran crátera de centenares de litros (mientras que otras sacerdotisas de este pueblo cimbrio, los abrían en canal para practicar con ellos la extispicina) (5) .
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Tras leer el texto de Estrabón (ver citas 4 y 5) nos podríamos plantear que lo representado en Gundestrup no deja lugar a dudas, tratándose de lo descrito por el geógrafo griego. Pese a ello, muchos investigadores tienen serias dudas de que realmente sea aquel  el ritual y no otros realizados con calderos sagrados y de carácter muy distinto. Para los interesados en ello, recomendamos un breve artículo liberado en la red y sin firmar (publicado por Terrae Antiqvae -ver cita 7-), que realiza un resumen bastante acertado sobre las opiniones de algunos expertos en el tema. Mencionando y defediendo la teoría de que la iconografía del supuesto sacrificio fuera en realidad la de un bautismo al "smith god" Tleps. Un dios herrero caucásico a cuya forja acudían las madres llevando a sus hijos para que los introdujera en el agua de templar aceros y convertirlos así en invulnerables (leyenda que se relacionaría con la de Aquiles). Todo ello lo justifican iconográficamente en Gundestrup porque -según Krutas- esa pieza presenta no solo tema célticos, sino también, "numerosos elementos del mar Negro"; es decir, de la zona en la que se desenvuelven los actuales Osetas y antiguos Escitas. Pueblos que tenían por costumbre -aún conservada-, que la progenitoras llevaran a su hijos a la forja, donde el herrero los sumergía en la cuba del agua de templar pidiendo a la vez al divino Tleps por el neonato (6) . Una forma extraña de bautismo muy semejante a la que recibió el héroe de la Iliada, cuya madré consigue de un modo muy semejante que fuera invulnerable a las armas (a excepción de su talón que quedó fuera de las aguas estigias).
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Posteriormente sigue exponiendo la autora del mencionado artículo, que: "Quizá la escena del caldero de Gundesdrup representa a Tleps, ese dios herrero del Caúcaso o a otro semejante, en el momento de introducir en el agua al joven que se inicia como guerrero, lo mismo que el herrero introduce a los niños en el agua de la fragua para dotarlos de vigor, como en un bautizo, un rito de paso." (..) "Dumezil completa la referencia a la costumbre descrita con otra en el mismo contexto de la fragua : `Según N. Zardenscaya (...) Las mujeres encinta iban a la forja donde eran rociadas con agua mezclada con carbones. En caso de parto dificil, hacían beber a laparturienta agua que hubiera servido para templar una espada´ ". (7) Pese a lo bello de la idea, yo personalmente me inclinaría más a pensar que la iconografía de esta placa de Gundestrup es lo descrito por Estrabón (la inmolación de prisioneros) o bien una ceremonia de religión celta de resurección. Toco ello al considerar que no es un niño el que es introducido en la crátera, fundamentalmente porque va vestido como el resto de los soldados (con lo que es a todas luces un "uniforme" protector y un casco). Siendo su atuendo exactamente igual al del resto de los guerreros que le rodean, e incluso al de aquel (gigante) que lo mete en el caldero; lo que obliga a creer que tampoco ser trataría de un enemigo -preso, atado, coronado y desarmado; como refieren las fuentes que eran estos degollados por las sacerdotisas-.
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En todo ello, el principal motivo que me lleva a pensar que pudiera tratarse de una escena de dioses indoeuropeos, es el hecho de que el sacrificador (o el que toma a la persona para introducirlo en el caldero) es de un tamaño desproporcionado y que aquel "gigante" también tiene la misma apariencia que los guerreros que rodean toda la recreación. Pareciendo más un dios que un sacerdote y que si se tratara de una mujer -habida cuenta de su coleta- nunca sería una sacerdotisa de traje talar, sino una diosa-guerrera (divinidad de la batalla o una sus oficiantes, extrañamente ataviada de soldado). Puesto que en verdad luce una gran trenza (algo común entre ciertos militares de rango), pero su apariencia es que está cubierto de cota de malla o bien de cuero y con un traje muy similar al del resto de militares (no pareciendo una vaticinadora de las que Estrabón nos habla). Por lo demás un hecho fundamental para dejar de considerar que la iconografía sea de un sacrificio se basa en que el oficante no porta cuchillo ni espada, ni menos su apariencia puede asemejarse a la de un sacerdote o pitia cimbria (lo que podemos atestiguar debido a que algunas de ellas aparecen en otras placas del mismo caldero).
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Por todo lo expuesto anteriormente, yo -personalmente- me inclino a pensar que se trataría quizás de un rito de resurección y no de "bautismo" ni de sacrificio. Justificando ello en la disposición de los guerreros y por el tamaño y vestimenta del personaje que introduce al individuo en el caldero. Un ser que parece sobrenatural y que preside la "parada militar" de los allí representados -"gigante" que además ha de suponerse, es un guerrero (por su aspecto)-. Lo que me lleva a deducir que seguramente es una figuración del banquete del Walhalla (de Odín o de Dagde), en el que se honra al soldado para ser cocinado y reencarnado en una nueva vida. Festín reservado en el Mas Allá para los caidos con dignidad y donde se hallaba el famoso caldero con el cual se lograba resucitar a los muertos en batalla (llamado de Dagde o de Bran y que poseían -entre otros- el rey de Irlanda). Un hecho y mito que -en mi teoría- claramente se relacionaría con el perro o lobo que vemos a los pies del cadáver y bajo la crátera metálica; animal que aprovecha la oportunidad para lamer su sangre o incluso intentar devorarlo.


 
AL LADO:
Otra de las placas de plata del magnífico caldero, en la que se representa a un dios, que toma con sus manos a dos hombres también vestidos de guerreros. Estos a su vez, cada uno sujeta a un perro y bajo todos ellos hay a la izquierda un cánido (quizás lobo) y a la derecha un pegaso. Representaciones que las identificamos con el perro y el caballo como animales de la guerra, de lo que el dios que aparece en el centro sería el de la guerra como "el señor de los animales" (un Thor -Taranos- cercano al Teshub anatólico, que se presenta sobre leones, toros o caballos).
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ABAJO: Otra de las láminas del mismo caldero, en la que de nuevo observamos un dios de descomunales proporciones y que se ha identificado con el gaélico Dagde, señor del caldero de la abundancia. A su lado, un guerrero sujeta la rueda (símbolo solar indoeuropeo por antonomasia) a modo de arpa, por lo que podemos identificar esta figura con el Apolo celta, denominado comunmente Lugh (divo patrón de la sabiduría, las letras y las artes). A ambos lados, dos cánidos de fiero aspecto que parecen lobos idealizados. Abajo, algunos grifos típicamente de estilo tracio o anatólico (mitad caballo, mitad pájaro; que se relacionarían con la velocidad de algunos equinos y con Pegaso). En el centro la sierpe, con cabeza de carnero; pudiera ser el llamado "Uróboros" (también llamado, Oulowolf y Ouroboro). Dragón u ofidio que la filosofía druídica narraba habitaba bajo el Mundo (terreno), dirigiendo el destino de los hombres, moviendo la tierra (provocando terremotos); al cual se debían las corrientes telúricas y el nacimiento de los manantiales. 
 

 
 
El detalle de la escena de sacrificio (hablamos de las fotos previas a las de arriba) en la que vemos al cánido pretendiendo comer al difunto -o su sangre- creemos que nos daría una clave sobre su iconografía. Así, por la situación de aquel ser sobrehumano (un dios) que lleva a alguien entre sus brazos, nos lleva a deducir que lo representado en el Caldero de Gundestrup es un ceremonial de honras fúnebres (posiblemente de un rey y quizás de aquel noble cuya familia o saga donó al lago esta crátera). De tal manera, el lobo o perro bajo el fallecido; nos hablaría de que aquel guerrero que sujeta el gigante, ha muerto en la lucha y debe ser devorado por los carroñeros. Tal como era costumbre entre los celtas, quienes dejaban en el campo de batalla al más valiente para ser comido por los animales -totems entre los que se hallaba con mayor rango el lobo-. Un depredador que al engullir al valiente soldado cumpliría su función de reencarnarlo y enviarlo al Mas Allá. Lugar donde lo recibiría el dios que lo introduce en el caldero para sanarlo y devolverlo a la vida (correspondiendo ello posiblemente a lo representado en la escena que estudiamos). Mientras cuanto narramos sucede, la tropa que mandó aquel valiente general (o rey), estaría figurada en las dos lineas de hombres armados que desfilan apoyados por los músicos, presentando todos ellos sus respetos ante el cadáver que se encuentra en el tránsito.
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Así es como interpretamos la escena que reflejaría de manera sublimada el ritual indoeuropeo de exposición del guerero valeroso, que obligaba a dejarlo en el lugar donde cayó, para que pasara a manos de los dioses tras ser devorado por las alimañas. Siendo para mí esta placa de Gundestrup una figuración de la metempsicosis y de los rituales mortuorios idoeuropeos, en los que el cánido cumple una función primordial: Comer al guerrero para hacerlo llegar al mundo de los muertos, donde el dios del caldero sagrado le resucita. La otra hipótesis (la del sacrificio, que no nos convence plenamente), obligaría a pensar que aquel que figura sobre la crátera es un prisionero ejecutado, entregado a los lobos -o a los perros-, tras recoger su sangre en la crátera. Incluso pudiera concluirse de lo que vemos, que quizás fueran así cocinados esos prisioneros sacrificados que menciona Estrabón, para alimentar a los canes del ejercito que los inmolaba.
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Puesto que el geógrafo griego añade que tras haberlos degollado o matado para vaticinar con sus vísceras y sus espasmos, encendían el caldero con el fin de hervirlos. Atreviéndome a expresar como una idea personal, que muy posiblemente también algunos de estos cuerpos de guerreros amigos, cuando tras ser heridos morían en el campamento, se introdujeran en "una crátera de resurección" (como expresan las leyendas celtas). Donde tras ser cocinados fueran entregados a sus más fieles perros; en sustitución de la exposición y para que se reencarnasen en los animales. Rito que quizás es el que vemos en esta imagen y que se completaría con la ofrenda de los restos del homenajeado a sus "amigos" más fieles: Los canes, que entre los indoeuropeos se consideraban casi humanos y eran veneradísimos.
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Acerca del valor del perro en el mundo indoeuropeo, son innumerables sus ritos, leyendas e historias. Entre las que destaca la de uno de los héroes más importantes gaélicos cuyo nombre es el "soldado perro", Cuchulain (de "CU" "guerrero" y "CHULAIN", sabueso). Noble irlandés,
Hijo del dios LUGH y de DECTERA, hermana del rey del ULSTER; que un día mientras vistaba a su padre adoptivo en la casa del herrero Culann mató a la perra que guardaba la forja. Tras lo que se comprometió a hacer él de sabueso en la hererría, hasta que un cachorro de la que había matado llegara a la edad adulta. Pasando más tarde Cuchulain a defender solo el Ulster, en la famosa batalla de los toros de Cualinge (expuesto en el ciclo "Razzia du toreu de Cooley"), que curiosamente comienza con el robo de un semental de bóvido generando la invasión de Irlanda (que más tarde logra recuperar Cuchulain). Infinidad son las historias celtas y gaélicas que se refieren a canes junto a toros y que curiosamente cuadran o encajan con muchas de las escenas que vemos en el caldero danés, donde ya habíamos encontrado una caza de uros y donde el animal que más se repite es el perro (o el lobo).
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Unos cánidos que para los indoeuropeos fueron sagrados, habida cuenta que eran su compañero de guerra, de guardia, defensa y caza. Tanto que se suponía que en el Más Allá, el señor del mundo de los muertos (Arawn) tenía numerosos perros, que le ayudaban y con los que siempre compartía sus festines. Animal que en muchos casos se tomaban por el guía ideal del viaje del difunto y que como tal era sacrificado, para que acompañaran al fallecido en su camino hacia el Walhalla -costumbre común a muchas culturas-. Matándose la mascota real del fallecido u otras y que en ocasiones comían los celtas en ceremonias rituales. Todas estas costumbres sin lugar a duda son el origen de la impotante función que aún hoy tiene en el mundo anglosajón este animal, que durante la etapa del románico y del gótico numerosas veces aparece esculpido en la tumba del noble (indicando la fidelidad). Por todo ello, el perro para los celtas era el símbolo de la muerte (al tenerse por el más fiel amigo que podía acompañarnos hasta ella sin temor); de la curación (al observar que se autocuraban con su saliva, con su alimentación, purgantes y etc); de la caza y la diversión (por su simpatía y bondad) y de la fildelidad y la amistad.

 
AL LADO: Parte derecha de la escena del sacrificio, donde aparecen varios músicos tocando lures (o kanix); largas tubas similares a las que aún se hacen sonar en los Alpes y que llevaban tallada una cabeza de lobo fiero en su extremo o boca (también figuraban otros animales "montruosos" en esa parte final de la tuba; principalmente jabalís). La representaciòn de aquel hombre gigante introduciendo en el caldero al guerrero junto a todo un ejército en parada militar, se completa con estos músicos que acompañan el rito. Curiosamente Estrabón no habla de que los cimbrios lucharan bajo el sonido de estos lures o tubas, sinó que cuando entraban en combate las sacerdotisas y mujeres hacían un estruendo terrible con los escudos y objetos de cuero en sus carromatos (8) . Por todo lo que expresamos, la escena nos hace creer que se trata de un ceremonial de honras fúnebres.
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ABAJO:
Una de estas "trompetas" celtas, pero en este caso celtíbera y en forma de tuba romana (circular). Se trata de un ejemplar hallado en Numancia y perteneciente a los fondos del Museo Numantino (al que agradecemos nos permita divulgar la imagen). Veamos que igualmente en su extremo se halla el lobo fiero, de boca abierta, todo lo que lleva a pensar que el sonido de estos lures celtíberos intentaba de algún modo imitar (o emular) el ladrido o gruñido del lobo. Como forma seguramente intimidatoria contra el enemigo y de ánimo para los combatientes propios. En el caso de las tubas numantinas, tanto como en el de los karnix daneses, vemos el lobo tiene un significado muy preciso relacionado con la fiereza y la guerra. Siendo con toda seguridad un totem que concedía la suerte (de ello que en algunos relatos, la visión de un lobo previamente a entrar en lucha, era presagio de ganar la batalla).


 
 
Por cuanto sabemos no cabe la menor duda de que los cánidos eran los más importantes totems entre los celtas, animal sagrado cuya deificación igualmente existía en el lobo del mitraismo persa -que seguramente en el posterior culto de Mitra romano se convirtió en el perro que le acompañaba- (9) . Puesto que en nuestra opinión, en todo el nuevo culto de Mitra que Roma tomó y fue reelaborando, habría unas profundas influencias celtas. Algo que afirmamos, debido a que comunmente se cree -o interpreta- que esta religión mistérica fué introducida por los cilicios en Roma, poco antes del año 70 a.C.. Contándose que ello se debió al contacto con los piratas llegados desde esta costa (hoy turca) hasta Italia, que convirtieron al mitraismo a los primeros soldados romanos. Corsarios que abundaban en el litoral de Anatolia (llamada Cilicia) y que curiosamente llegaron a apresar a Julio César en estos años en los que su trato con los ejércitos romanos expandiría sus creencias. Pese a ello y a la dudosa veracidad que tiene este origen de la mistérica religión en Roma; el hecho cierto es que estos cultos tan persas y escitas (y por lo tanto, indoeuropeos) tal como llegaron al imperio estaban impregnados de rasgos celtas -al menos en mi opinión-. Todo lo que creemos se ve en el caldero de Gundestrup donde a mi juicio se expresan diversas creencias de este orígen.
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Por todo ello, considero a la figura central (el llamado Cernunos, que hemos estudiado en la entrada anterior) un dios muy cercano al persa Mazda -el padre de Mitra-. Pero incluso creo poder ver a la madre de este mismo Mitra entre los representados en el caldero; sobre todo en una de las placas, donde hay iconografiada una clara maternidad. Es esa la que mas abajo recogemos y en la que se observa una figura central de sacerdotisa o diosa, ataviada tal como Estrabón explicaba que se vestían las pitonisas y magas de los cimbrios (10) . Su escena es la siguiente: Se halla en el centro una mujer, con los pechos al aire (o muy marcados), mientras sostiene en su regazo y con el brazo derecho, un hombre muerto. Del otro lado y a la misma altura, yace un perro y ella levanta la mano como en actitud de lanzar una paloma. En su hombro se sienta otra mujer (de traje talar y pecho igualmente marcado). Mientras en la parte más alta y a cada lado podemos ver: A la izquierda un hombre que la peina y sobre este un ave (probablemente buitre o águila) y a la derecha, un perro muerto y sobre aquel otro pájaro igual al que había sobre aquel que peinaba a la diosa.
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La escena (que podemos ver más abajo en imagen) en mi opinión reflejaría: Arriba la derecha, el guerrero muerto camino del cielo donde lo lleva el ave (el buitre que lo come) mientras este peina a la diosa -su madre-. Igualmente el perro que yace sin vida del lado contrario, también es representado más arriba elevándose hacia el cielo gracias al pájaro que sobre aquel se halla. En el centro, se representaría esta diosa de la maternidad, que podemos identificar con Anahita (madre de Mitra); que sujeta con sus brazos al soldado caido en batalla, junto a su perro. Sobre el hombro de esa diosa, de nuevo hay una mujer y que yo identifico con la esposa del guerrero  -aparece sentada encima la diva-. Se trataría pues todo ello de la segunda parte de la historia del guerrero fallecido y que hemos visto honrar en el caldero por sus tropas, mientras se realizaba la ceremonia de su resurección en la crátera. Siendo esta lámina la que explica como sube al cielo junto a su perro (gracias a las aves que lo comen); mientras peina a su madre-diosa que le recuerda ayudando a su esposa (que se sienta sobre el hombro de la madre). Ver la representación:
 
AL LADO: Escena de maternidad en el caldero de Gundestrup. En ella interpreto que se halla una diosa madre (central) que sujeta a un guerrero muerto -que ha dejado de vivir y por lo tanto no puede alimentar en su pecho-. Del otro lado, un perro igualmente sin vida y más al extremo  -en el hombro de la diosa madre-, una mujer sentada que interpretamos como la esposa del difunto. Sobre todos ellos, la figura del soldado muerto ascendiendo a los cielos (gracias al buitre que lo lleva) a la derecha y peinando a su madre. En el lado izquierdo, de igual modo, sube el perro al reino de la eternidad (también por mediación de otro ave que hay sobre aquel).
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ABAJO: Fondo del caldero de Gundestrup.
En este encontramos ciertamente la clave de su carácter mitraico, al ver dentro de aquel la representación de un toro tumbado o en actitud de caer (quizás ante un sacrificio) y que como el bóvido de Mitra tiene antes sí un animal maligno. En este caso curiosamente es un cocodrilo el que representa al mal que lo ataca, tal como el buey de Mitra era mordido por el escorpión y la serpiente (por lo que el dios acababará con el animal de forma rápida y noble). Tras el toro se encuentra un guerrero, pero esta vez con la espada en mano y su perro al lado, figurando claramente como Mitra y su inseparable can.


 
 
 
Finalmente quedaría tan solo por analizar el fondo del caldero para tener la certeza de que sus escenas se refieren a una religión de tipo Mazdeista o mitráico -cuyos diferentes misterios hemos visto representados en sus paneles laterales-. No sabemos si existen otros estudios que confirmen lo que decimos acerca de Gundestrup, pero creemos suficientemente argumentado pensar que estas figuraciones simbolizan ciclos de unas creencias solares de tipo indoariano; muy cercanas a las seguidas en gran parte de Asia Menor y del Cáucaso desde el nacimiento de Zoroastro. Máxime cuando vemos un sacrifico de tipo mitráico en su fondo, donde en la cabeza del propio toro se dibujan los símbolos del Sol (en la frente) y de la Luna (en el morro). Bóvido al que le faltan los cuernos y que seguramente se habrían perdido al ser de marfil (o de oro) -ver detalles en la foto última sobre este párrafo
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Tras aquel gran uro de enormes testículos (como podemos ver), se halla un personaje armado con una espada y frente a él, su perro. Ambos, pese a representarse como tumbados, se encuentran en ademán de movimiento y más concretamente de ataque. Todo lo que habla de que se hallan a la caza del toro, siendo el momento descrito en que "Mitra" se prepara para asestar una cuchillada al bóvido. Ello se relacionaría con otra escena del caldero en que figuraban varios soldados matando a toros ayudados por sus realas (ver artículo anterior y sobre este). Si aumentamos la imagen y la observamos con detenimiento, encontraremos como el perro lleva un gran collar protector, de los usados para que los lobos y otros animales no hagan presa en su cuello. Mientras, su dueño luce el traje de guerrero que ya vimos en el resto de representados con armas, aunque se le observa coleta o trenza. Ello nos lleva a pensar si se tratará del mismo personaje que había en la escena del sacrificio. Un guerrero de proporciones gigantes, ataviado de igual forma (con trenza) y que tenía tomado a un hombre al que ponía boca abajo sobre el caldero.
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Aunque en la fotografía aumentada (ver abajo al lado) se llega a observar que aquel que imaginamos es Mitra, parece que tuviera los pechos descubiertos y el pelo de mujer. Lo que nos llevaría a concluir que el que oficia el ritual del sacrificio tanto como este que mata al toro, serían mujeres guerreras o bien diosas de la guerra. Algo que cuadraría con la veneración a la madre de Mitra (Anahita), que en mi opinión aparece en el caldero como maternidad; ya que ella es la patrona y deidad de la guerra. Una diosa Anahita que como un Marte (o Ares) grecorromano, preside las batallas y la lucha. Diva del combate que sin lugar a dudas hemos de identificarla con la gaélica "Diosa Blanca" y que se identificaría con los más extraños cultos de la Luna y con los ritos de la antigua Artemisa. Deidad de origen neolítico, adorada como la domadora o domesticadora de los animales (su señora); una Potnia Theron venerada junto a bestias salvajes y cuyos ejemplos los tenemos en todo Oriente Medio y Levante Mediterráneo durante el II milenio a.C.. Siendo conocidísimas entre las mujeres que oficiaban esos cultos a las señoras de los animales; aquellas sacerdotisas -que como las de Creta- eran domadoras de serpientes o taurómacas. Unas acrobáticas adoradoras del toro, que saltaban y apresaban morlacos en Cnosos y en cuyo laberinto del Minotauro ralizaban los ritos del astado sagrado que allí se escondía.
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De todo cuanto se deduce que el rito del toro de Minos -mitad hombre-, al que entregaban cada nueve años varias doncellas y jóvenes, con el fin de inmolarlos al dios cornúpeta. Está completamente relacionado con los cultos que arriba vemos en Gundestrup. No solo con la cacería de uros salvajes, sinó también con esta representación de una Mitra mujer (como Artemisa Britomartis), que mata el toro junto a su perro -totem de la diosa Artemis-. Una muerte del astado que se celebraba entre los mitraicos cuando acababa el ciclo del Sol (el 25 de diciembre) y que por lo tanto se relacionaría plenamente con la idea del laberinto. Ya que el gran laberinto, el primigenio y primero, representado desde los megalitos, hasta los tiempos modernos, es la Via Láctea. Esa máncha de luz giratoria, compuesta por los cuerpos celestes cuya comprensión y estudio era el secreto de los sacerdotes (ya que permitia guiarse en los desiertos y en el mar). Por todo cuanto la victoria del toro en el laberinto mucho tuvo que ver con los secretos del Cosmos y ello con el calendario (imprescindible para crear una civilización). De lo que Mitra (hombre o mujer) matando el bóvido el día que comenzaba a "resucitar la luz (fecha de su nacimiento) se relaciona plenamente con un Teseo acabando con el Minotauro. Héroe griego que simboliza de algún modo la superación del sacrificio humano y la liberación del hombre a través de la inmolación del toro en sustitución de aquel.

 
 
AL LADO: Detalle del fondo del caldero de Gunderstrup donde vemos que el sacrificador (Mitra) es una mujer. Por lo tanto las creencias aquí representadas serían de tipo frigio y han de asimilarse a las de Artemisa lidia y a los cultos de Cibeles. Figurando unos ritos similares a los oficiados por las sacerdotisas minoicas, cuyo deber era el de dominar al toro salvaje o a la serpiente.
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ABAJO:
Vista general del caldero. Aprovechamos esta última imagen para agradecer al Museo de Copenhanguen (Arqueológico Nacional de Dinamarca) que nos permita divulgarlas.


 
 
 
Tras cuanto hemos ido viendo, no nos cabe la menor duda de que en la Jutlandia contemporánea al caldero de Gundestrup (siglos II al I a.C.) gran parte de las oficiantes y diosas eran mujeres. Acerca de ello y regresando a la cita de Estrabón, podríamos pensar que consecuentemente ha de creerse que lo iconografiado en la "placa del sacrificio", es una de esas inmolaciones de humanos, ya referidas y realizadas por vaticinadoras (en una gran crátera). Aunque para afirmar con rotundidad esta idea -que en principio parece tan clara- hay varios problemas: El primero la inexistencia de cuchillo en la mano de aquella que se supone sacrificadora (de la que se observan hasta las ataduras de los zapatos, por la minuciosidad con la que está toda su figura labrada). En segundo lugar, la imposibilidad de que aquel que esta mujer tiene entre sus manos sea un enemigo, porque va vestido exactamente igual a ella y al resto de los guerreros que rodean la escena. En tercer término, se nos hace muy difícil comprender la diferencia de tamaño entre la persona que introduce en el caldero y ella misma (que parece un gigante). Todo lo que ha hecho suponer que se trataba de una madre "bautizando" a un niño en la cuba de templar en acero; pero que a nuestro entender se justificaría por el hecho de que aquel gigante es la figura de un dios. Deidades que en todo el resto del caldero vemos igualmente en un tamaño mucho mayor que el resto de los personajes (humanos).
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Estos tres motivos unidos a la observación de que aquel que parece Mitra matando al toro, tiene pechos y trenza (o pelo largo de mujer). Nos lleva a concluir que el significado de la crátera es mitraico femenino. Debiendo pertenecer su religión a un culto muy cercano al de Cibeles y que se basaba en la adoración de una diosa madre antiquísima venerada por mujeres en las cavernas. Cueva que representaba los tiempos más antiguos de la humanidad, tanto como el útero materno. Claustro donde se gestaba y nacía la luz (gracias al fuego encendido en la gruta) y luz que simbolizaba al primer vástago. Un hijo allí concebido o salvado (en la caverna) y que en Grecia se llamó Zeus -dia, dios o luz-; pero que entre los gaélicos fue denominado Dagda, cuyo origen es el mismo al de Zeus o a la palabra "dios": Del radical indoeuropeo que significa la "claridad", el "dia", la "luminosidad" ("diayus").
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Dagda, era el divo celta propietario del caldero mágico que nunca se agotaba y del que comían todos los valientes guerreros (fundamentalmente tras su muerte). Crátera que dió origen a la de Bran, que guardaba el rey de Irlanda y que concedía la vida eterna o la sanación del que en ella se introducía. Mitos y ritos que mucho nos recuerdan a los del primer Zeus (cretense) el cual recibió de su nodriza Amaltea (la cabra) el cuerno de la abundancia. Una cornucopia que jamás se agotaba y del cual surgían todas las riquezas, que se completaba con el llamado "vaso de los Curetas"; una vasija metálica fraguada por los Coribantes o Dáctilos en la que cualquiera que se bañara era curado o renacido. Por cuanto exponemos, hemos de concluir que las creencias de la Jutlandia de Gundestrup se acercaban mucho a las que procedían de Lidia -o Frigia- (tan próximas a las minóicas y a las micénicas).
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Siendo así, creemos que lo representado en la crátera danesa es lo siguiente:
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1º- Una lámina que contiene un rey coronado como ciervo (o como dios Cernunos), rodeado de animales y como señor de estos. Monarca muy cercano a Mazda en su simbología, pero también a Cronos y que podía ser el padre del guerrero muerto al que se dedica el caldero.
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2º- Una placa en la que vemos una maternidad, de una reina (diosa) que sostiene a su hijo yacente entre los brazos, mientras este y su perro ascienden a los cielos (a un lado aparecería la esposa). Siendo indudablemente aquel, el soldado fallecido que se homenajea en la crátera.
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3º- Otra lámina en la que figura una cacería de uros ayudada por perros, quizás como símbolo de la guerra o como ritual sagrado. Actividad en la que pudo morir el príncipe al que se dedica el caldero.
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4º- La placa llamada del sacrificio, en la que los soldados rendirían homenaje al muerto que es introducido en un caldero de manos de una gran diosa, con el fin de resucitarle. Frente a él, sus soldados en parada militar y el perro (o lobo) que pretende comer su sangre.
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6º- Diferentes deidades (similares a Dagda, Odín o Lugh) representados en otras tantas láminas.
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5º- Finalmente el fondo del caldero, que contiene una escena de mitraismo femenino y que explicaría todo el resto de la iconografía tal como a continuación exponemos (en la siguiente entrada más abajo).
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SIGUE EN ARTÍCULO BAJO ESTE.

VER: http://sobrelostextosibericosdemario.blogspot.com.es/2012/10/origen-y-significado-de-las.html






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CITAS:

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(1):
Estrabón; Geog. IV, 3





(2):
Lucano; Phars. I, 444 y ss.

(3):
Julio César en La guerra de la Galias VI, 15, dice textualmente sobre los sacrificios humanos: "los que padecen enfermedades graves, y se hallan en batallas y peligros, o sacrifican hombres, o hacen voto de sacrificarlos, para cuyos sacrificios se valen del ministerio de los druidas, persuadidos de que no se puede aplacar la ira de los dioses inmortales en orden a la conservación de la vida de un hombre si no se hace ofrenda de la vida de otro; y por pública ley tienen ordenados sacrificios de esta misma especie. Otros forman de mimbres entretejidos ídolos colosales, cuyos huecos llenan de hombres vivos, y pegando fuego a los mimbres, rodeados ellos de las llamas rinden el alma. En su estimación los sacrificios de ladrones, salteadores y otros delincuentes son los más" - del libro "
Comentario a las Guerras de las Galias" ( "Bellum Gallicum" traducción directa del latín: José Goya Muniáin y Manuel Balbuena; ORBIS -Madrid 1982-) (7, XIV)-.

De una manera muy similar se expresa sobre las inmolaciones celtas Estrabón en su Geografía (IV, 5), tanto como Lucano (ver cita anterior). Diodoro Sículo, también menciona estos sacrificios humanos como "obligados" en cada ciclo calendárico druídico que era de un lustro (V,61)

(4):
Estrabón (VII 2,3): "Se cuenta también la siguiente costumbre entre los cimbrios: Sus mujeres cunado están con ellos en alguna expedición, eran acompañadas por unas sacerdotisas de largos cabellos y vestidos blancos, con unas capas de gasa abrochadas al hombro un ceñidor de bronce y descalzas; que se encargaban de hacer los vaticinios. Estas, ayudadas por espadas recorrían todo el campamento en busca de cautivos de guerra. Tras adornarlos con coronas, los conducían hasta una crátera de bronce con una capacidad máxima de veinte ánforas (unos 600 litros aprox). Cada una de ellas se subía sobre una escalinata que tenía a su disposición y que quedaba por encima de la caldera, degollando al prisionero que había sido alzado, realizando predicciones por medio de la sangre que iba cayendo en el caldero".
(5): La extispicina, era el arte adivinatorio por medio de leer las entrañas de una víctima. La narra entre los cimbrios de Jutlandia en el mismo texto de Estrabón, Geog. (VII 2,3) -VIENE DE LA CITA ANTERIOR-: "...degollando al prisionero que había sido alzado, realizando predicciones por medio de la sangre que iba cayendo en el caldero. Otras, sin embargo, tras abrirlos en canal, inspeccionaban sus entrañas para proclamar la victoria entre sus gentes".
(6):
En el artículo que hemos mencionado se recoge la cita de Venceslav Krutas -"Los celtas" edit.SARPE 1985; pag 354- del siguiente modo: "…Nos han contado entre los Chepsuges, que las mujeres llevaban a su hijos a la forja. El herrero los sumergía en la cuba del agua que le servía para templar el hierro, pidiendo a la vez a Tleps, (el dios herrero ) fortificar la salud del niño."
(7) Georges Dumezil, "Escitas y Osetas", edit. Fondo de Cultura Económica; Mexico, 2006. Procede la cita del mencionado artículo liberado en red. Para los interesados ver:
http://terraeantiqvae.com/profiles/blogs/una-costumbre-del-caucaso-y-el

(8): Estrabón (VII 2,3), sigue la cita anteriormente recogida habando de como las sacerdotisas "jaleaban" el combate de los cimbrios haciendo riudos ensordecedores desde los carromatos.




(9): Hablamos del culto a Mitra posterior y romano, habida cuenta que este religión nacida hace unos cuatro mil años en la zona del valle indoariano, se extendió a Persia y a Anatolia hacia el 1500 a.C.. Posteriormente y tras haberla seguido los Hititas y las gentes de Mitani, desde el siglo X a.C., gracias a Zaratustra, fué conviertiéndose en culto oficial del mundo persa, que allí la conservó hasta su transformación o sustitución por el (nuevo) mitraismo romano.

(10):
Estrabón (VII 2,3): "eran acompañadas por unas sacerdotisas de largos cabellos y vestidos blancos, con unas capas de gasa abrochadas al hombro un ceñidor de bronce y descalzas; que se encargaban de hacer los vaticinios".

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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